Las aventuras de Pietro Antonelli


Pietro Antonelli y sus horizontes africanos. De fondo, aquella Marie Bashkirtseff de sus desvelos. Fotos de época, coloreadas.

    Vamos a hablar en esta oportunidad del periplo de Marie Bashkirtseff por tierras de Italia en 1876 y pondremos el acento sobre el conde Pietro Antonelli, con quien sostuvo un intenso affaire en su paso por Roma. Rescataremos además la ya olvidada gesta de Antonelli en territorio africano luego de aquel frustrado romance.




    En 1870, con la derrota del emperador Napoleón III en la guerra franco-prusiana, el papa Pio IX (imagen) perdió su único sostén y debió ceder su poder terrenal sobre la ciudad de Roma, que pasaba a convertirse en la capital de una Italia unificada bajo el reinado de Victor Manuel II. A Pío IX sólo se le permitió reinar sobre las cuarenta y cuatro hectáreas del territorio del Vaticano.


    La rivalidad entre papistas —negros— y monárquicos —blancos— estaba aún muy fresca cuando Marie Bashkirtseff pisó tierra peninsular a principios de 1876. Llegaba con la intención de estudiar, munida de una cantidad de cartas de presentación de la condesa de Mouzay (imagen). 
    Muy escaso o casi ninguno fue el tiempo que le dedicó al aprendizaje, aunque sí se fogueó en el arte del galanteo, tanto como para olvidar la amarga desilusión nizarda con el sorprendente Emile d'Audiffret, a quien ya conocimos en otro post.


    Uno de sus flirts italianos será, en Nápoles, el conde Alexandre Larderel (1854-1885), hijo menor del importante industrial François de Larderel, y emparentado con la familia real a través de su hermana Blanche, que estaba casada con Emmanuel, conde de Mirafiori, uno de los ocho hijos del rey. La localidad de Larderello en la Toscana italiana, de donde los Larderel extraían ácido bórico de sus fuentes termales, fue luego, a principios del siglo XX, una de las primeras estaciones de energía geotérmica del mundo. Hoy día se continúa con la experiencia (foto). Alexandre de Larderel, sin embargo, no continuó el camino de su padre. Bon vivant, nihilista y alcohólico, había jugado y perdido una fortuna y era el tipo de hombre ideal para el extravagante gusto de Marie. 

«—¿Querría usted —me dijo—, que nos amemos (es aquí donde van unas palabras que desgraciadamente no retuve, que entendí apenas pero cuyo sentido está claro), que nos amemos y que luego nos matemos al cabo de dos horas?
—¿Matarnos? —dije yo, disimulándome a mí misma que había comprendido—, ¿matarnos? ¿Y por qué?—. ¡Oh, Dios mío, nunca me quites la convicción de que estaba borracho!»
(Viernes 15 de junio de 1877)

    Sin embargo, el flirt no habrá de durar mucho tiempo. La familia del joven conde habría de pedir, naturalmente, referencias de los Bashkirtseff y Marie sabía que poco y nada tenía para ganar en ese terreno. Aparte, Alexandre quería hacerse un hogar con una actriz que lo engañaba pero que le había dado una hija. Unos pocos meses antes de abandonar esta vida, Marie lo vio nuevamente.

«¿Quién era ése que estaba sentado en primera fila, frente a nosotras?: el innoble Larderel y su cocotte. ¿Fui yo la que estuvo chiflada por ese señorito? ¿Sería posible otra vez? No: verlo no me despertó ningún recuerdo, ninguno, tal vez algo desagradable pero casi nada.» (Sábado 5 de julio de 1884)

    Larderel habría de morir apenas un año después, no conocemos las circunstancias.



    Por aquella misma época, un espacio aparte en el capítulo romano de Marie Bashkirtseff se ha ganado el conde Vicenzo Bruschetti, pretendiente y hombre perdidamente enamorado de nuestra heroína. Ésta, sin embargo, lo habrá de despreciar una y otra vez.

«¿No es terrible que un hombre tan leal como Bruschetti me disguste tanto? Siempre recuerdo con placer esa noble frase suya en el momento en que, en respuesta a su pedido, le advertí que él no sabía nada de mí. En ese momento no le presté atención: —Mademoiselle —dijo—, es usted la que debería pedir referencias de mi persona. Es el marido quien aporta el apellido y la posición a la mujer. Yo la amo y para mí eso es suficiente.» (Martes 19 de diciembre de 1876)

    Bruschetti, lo sabremos por Marie, se habrá de casar algún tiempo después, su primera esposa se llamará Rachelle y le dará un hijo.

«El conde Vincenzo Bruschetti, tan indignamente despreciado por esta servidora, se casó y helo ahí viudo con un niño. Su hermano murió y allí lo tienen, ¡gozando de doscientos mil francos de renta!... » (Sábado 11 de junio de 1881)

     Su hermano, Cesare Bruschetti (1841-1878) había sido un muy conocido diputado de la época.

    Para el comadreo, la crónica policial nos soplará al oído que el 22 de febrero de 1893, varios años después de la muerte de Marie Bashkirtseff, la ciudad de Módena encontrará al conde Vincenzo Bruschetti encarcelado y juzgado como un criminal junto a su segunda esposa, Carolina, condesa de Palanizza, acusados de haber incendiado uno de sus castillos para cobrar el seguro. Nada nuevo bajo el sol.

    Aunque, un año mas tarde, lo encontraremos firmando algún libro, curiosamente sobre economía de Estado.

Vincenzo Bruschetti: Sobre el modo de restaurar las finanzas italianas.




    Antes de esos dos episodios, sin embargo, en la ciudad de los césares otro conde le había salido al paso a Marie Bashkirtseff.

    Ambos ya se observaban mutuamente en las veladas de la ópera. Sin conocer su nombre, ella lo había bautizado Soroka (urraca) tal como a Audiffret. 

«Peiné a Lola y a Dina y a las ocho llegamos a la Ópera. Sala completa. Y mi Soroka en su puesto. Todo ese lado del teatro era suyo, los tabiques de varios palcos fueron quitados y esos señores se paseaban de un lado a otro. Bueno, he ahí a los Plobsters de Roma. Ese muchacho que me había observado tanto la última vez que nosotras bautizamos el Soroka de Roma. Semeja en feo al Soroka de Niza. Esta vez tampoco paró de mirarme.» (Jueves 27 de enero de 1876)

    Marie no tardó en conocer su identidad.

«Rossi vino a vernos e inmediatamente le preguntamos de quién se trataba ese señor. Es el conde Antonelli, sobrino del cardenal [...] ¡Y pensar que nuestra carta para el cardenal no tuvo ningún efecto! Nada de salones blancos. ¡Me sumergiré hasta el cuello en los negros y, por necesidad, hasta me haré católica!» (Martes 15 de febrero de 1876)


    El cardenal Giácomo Antonelli (imagen), secretario de Estado desde hacía casi tres décadas, brazo derecho del por entonces ya decrépito Papa Pío IX, manejaba de hecho los hilos del Vaticano —el Papa en las sombras, lo llamaban— y era número puesto para la sucesión papal. Fue un personaje frívolo que, a su muerte —que, inesperadamente, aconteció dos años antes que la de Pío IX— dejó una inmensa fortuna, fuente de importantes disputas entre sus herederos. Ya lo hemos visto en el post dedicado a Cassagnac, era secreto a voces que el cuñado de éste fuese probablemente hijo del cardenal.

    En el último número de la revista del Círculo de Amigos de Marie Bashkirtseff, aparece una nota con la rúbrica de Maï Perben acerca de Gianpietro Campana, marqués de Cavelli (foto), director general del Monte de la Piedad, banco de empeños dependiente del Vaticano, que había logrado reunir en sus distintas mansiones la más importante colección de la época y del mundo de piezas antiguas, museo que hoy en día sería el orgullo de Italia. En 1857 el cardenal Antonelli fue instigador de un proceso por el que Cavelli resultó condenado a veinte años de prisión, conmutado por el exilio y la deshonra, todo a causa de que veinte años atrás Cavelli fuera elegido para dirigir el Monte de la Piedad en lugar del hermano menor del cardenal. La colección de Cavelli terminó desperdigándose por distintos museos del mundo. Esta pincelada nos da una idea del carácter del poderoso cardenal, tío del héroe de nuestro post de hoy.

    Como sea, Marie Bashkirtseff acaba por ser presentada al sobrino del cardenal.

«Esta noche, en el Capitolio, hay un gran baile de gala, con máscaras y disfraces, a beneficio de alguien o de algo. Fuimos a las once con Dina y su madre. No llevé disfraz, sólo una máscara de terciopelo negro. [...[ Tomando del brazo a Antonelli me fui por todos los salones sin ocuparme más del resto del mundo. Antonelli tiene una cara perfectamente bella, un tinte mate, ojos negros, una nariz larga y regular, bonitas orejas, una pequeña boca, dientes muy pasables y un bigotito de veintitrés años. Pero es más bajo que el Sorprendente y no se le asemeja más que por sus poses en el teatro. [...] Me divertí y me desilusioné. Antonelli no me agrada y, sin embargo, me ha opacado al Sorprendente. ¡Ah!, ese miserable hijo de cura me robó el guante y me ha besado la mano izquierda desnuda.» (Viernes 18 de febrero de 1876)

Pietro Antonelli, fotografía Fratelli Alessandri, Roma. Crédito: Biblioteca Nacional de Francia.


    Marie se sintió inmediatamente cautivada por el joven conde. Pietro tenía cinco años más que ella, había nacido en Roma el 29 de abril de 1853. En principio, la perspectiva de convertirse eventualmente en sobrina de un Papa era cuanto más le atraía. La relación pasó a ser fogosa y su Diario narra los encuentros solitarios en una recóndita antesala del Hotel de la Ciudad —ése que había sido el palacio del marqués de Cavelli— donde los Bashkirtseff se alojaban.

    Pero la relación termina por interrumpirse bruscamente, su familia fuerza al muchacho a entregarse a un retiro espiritual en un monasterio. Ella, con despecho, recordará más tarde aquellas noches de pasión.

«¿Acaso no se puede creer en nada? ¿Será que el amor, tal como yo lo imaginaba nunca existió? ¿El supremo pudor, la suprema pureza son, entonces, palabras que yo inventé? Entonces, ¿cuando bajé a hablarle la víspera de la partida, él no vio en mi actitud más que una simple cita galante? Cuándo yo me apoyaba sobre su pecho, ese pecho, ¿ese pecho palpitaba sólo de deseos? ¿En mis caricias, que yo le daba seria y compenetrada como una sacerdotisa de la antigüedad, él no vio más que dos cuerpos jóvenes y ardientes? ¿En esos besos en los que yo ponía toda mi alma, él no encontró más que un placer sensual y degradante para mí? Entonces, cuando yo permanecía minutos enteros inclinada sobre su hombro, rozando su boca con mis cabellos y mis manos entre sus manos, sin decir una palabra, mientras su aliento atravesaba mi cabello hasta llegar a quemarme la cabeza, entonces, en esos silencios, ¿él no comprendió nada?, ¿su corazón no latía más que presionado por el calor de su sangre? ¿No vio nada entonces?, ¿no vio más que una mujer, no sintió más que el contacto de la carne? ¡Entonces sus abrazos fueron prodigados tal como se los prodiga a una cortesana, sin amor y sin exaltación!, ¿"para comenzar", como dice él?» (Miércoles 7 de junio de 1876)

 
     Luego vendrá el tiempo de Paul de Cassagnac (foto), a quien Marie conoce a mediados de ese año.
    Más tarde partirá hacia Rusia con el objetivo de ganarse a su padre y así presentar ante la sociedad una imagen más respetable que aquella de tres mujeres viajando solas por el mundo.
    En 1877 Alessandro de Larderel reemplazará a Pietro Antonelli en el corazón de nuestra heroína, ya hablamos de ello al principio. 1878 la encontrará ingresando a la Academia Julian y asistiendo a las sesiones de la cámara de diputados para ver y escuchar al vehemente Paul de Cassagnac, su ídolo del momento. El desaire de Antonelli será una herida de amor propio que tardará en cicatrizar pero al fin quedará en el olvido. Un año más tarde la oiremos decir, así como al pasar:

«Saben ustedes que Audiffret Emile partió seriamente hacia China. Y Antonelli Pietro forma parte de la misión italiana que va al descubrimiento del mar interior de África.» (Sábado 18 de enero de 1879)

    Ya hemos hablado en otra entrada respecto de la vuelta al mundo de Emile d'Audiffret, flirt de Marie en Niza.
    Digamos entonces, a propósito del eventual mar mediterráneo allí mencionado, que por aquella época poco se sabía en el mundo occidental acerca del interior de África. En 1858, el año en que nació Marie Bashkirtseff, John Speke descubría el lago Victoria y apenas en 1871, ocho años antes del viaje de Antonelli, Henry Stanley encontraba a orillas del lago Tanganika a un David Livingstone, por tres años desaparecido.
 
    ¿Qué había pasado con Pietro Antonelli?


 
    Cansado de la vida frívola que había llevado hasta ese momento y, según las mismas noticias biográficas, decepcionado por una pasión infeliz con Marie Bashkirtseff, se unió a la expedición del capitán Sebastian Martini Bernardi (foto) y el 20 de abril de 1879 desembarcó en Zeilah, en el Cuerno de África, hoy Somalia. 

    Allí, una serie de contratiempos detuvieron la salida expedicionaria y Antonelli, impaciente, decidió partir por su cuenta, junto con Giuseppe Maria Giulietti (1847-1881, en la foto), rumbo a Shoa (o Shewa), en el centro de la actual Etiopía.
    Sin embargo, en el camino fue asaltado por los nativos y apenas salvó su vida.

    Ese fue el comienzo de la larga serie de aventuras africanas de nuestro Pietro, que se prolongaron por mucho más de diez años. Tomó contacto con el emperador etíope, Menelik II, gracias a las gestiones del marqués Orazio Antinori (1811-1882, en la foto) que desde hacía varios años realizaba estudios científicos en la región.
    En 1882 firmó con el emperador un primer tratado comercial en nombre de Italia, para la venta de dos mil rifles Remington y la apertura de una ruta comercial a través de la cual, dicho sea de paso, el emperador etíope se podía proveer de armas sin control alguno. 

Menelik II (1844-1913), emperador de Etiopía.
 
    Tal vez ése haya sido el primer error de Pietruccio —tal como lo llamaba Marie Bashkirtseff— en Africa aunque en aquel momento el mundo sólo se pudo apreciar que lo que Antonelli estaba logrando era abrir las puertas de África al imperialismo colonial italiano.
    El primer paso fue la compra ese mismo año de la Bahía de Assab para luego ocupar toda la actual Eritrea.

    Antonelli acabó regresando a Italia, cinco años después de su partida, en calidad de héroe nacional.

«Mi encantadora familia me anuncia que Pierre Antonelli acaba de hacerse de unos triunfos, lo han aclamado en toda Italia y el rey la confirió la cruz de comendador de Saint Maurice y Lazare, etc. Parece que ese pequeño se fue al África hace cinco o seis años y se convirtió en un serio explorador.» (Sábado 5 de enero de 1884)

    Unos meses más tarde, fue probablemente en África que el joven aventurero recibió la inesperada noticia de la muerte prematura de aquella muchacha, pintora que prometía y que ya se había hecho un lugar, tanto como él, en las noticias de la época.


    Porque Antonelli retornó una y otra vez a África.

    Con la llegada de Francesco Crispi (foto) al poder, el proyecto de Pietro Antonelli de expansión africana se convirtió en programa del gobierno italiano y nuestro conde será el representante oficial y personal de Crispi en tierras etíopes. En 1887 la venta a Menelik de cincuenta mil fusiles garantizaron su neutralidad en un eventual conflicto entre Italia y Abisinia. Antonelli, como buen europeo civilizado, nunca imaginó que Menelik era un gobernante más despabilado de lo que aquél creía.

    El 2 de mayo de 1890, Antonelli, ya ministro plenipotenciario del reino de Italia en el Cuerno de África y el emperador etíope Menelik II sellaron el tratado de Wuchale, que habrá de ser desastroso para los peninsulares. De las dos versiones que se firmaron en los respectivos idiomas, la versión en italiano dejaba sentado que el reino etíope se convertía en protectorado italiano. Nada más enterado, Menelik rechazó el acuerdo, lo cual desembocó en la primera guerra Ítalo-Etíope. En 1894 Italia invadió Abisinia, segura de una rápida victoria. Sin embargo, el conflicto se extendió por dos años hasta que el 1° de marzo de 1896 el ejército italiano fue derrotado en la batalla de Adua, cinco mil seiscientas bajas se contaron entre sus filas. Etiopía e Italia firmaron entonces un nuevo tratado por el cual era reconocida la independencia de Etiopía y Abisinia.

Batalla de Adua, grabado de época.

     Fue así que, en el curso de una década y media Antonelli se convirtió en artífice de la gloria primero y de la posterior humillación de Italia en África.

    Pero cuando esto último ocurrió Pietro ya estaba lejos de tierras africanas. En 1894 había sido promovido a Secretario de estado de Asuntos Exteriores. Un año más tarde, el 12 de enero de 1895 llegó como ministro plenipotenciario a Buenos Aires, en una Argentina por entonces pujante que pretendía convertirse en una potencia económica. A partir del 27 de diciembre de 1897 ejerció el mismo cargo en Río de Janeiro, donde acabó por contraer la fiebre amarilla que era endémica en Brasil. Murió a los cuarenta y siete años, el once de enero de 1901, en el barco que lo llevaba de regreso a Italia.

    Sabemos que dejó escritas unas memorias que nunca pasaron por la imprenta pero a las que es posible acceder, así lo han hecho algunos de sus biógrafos. Publicó una cantidad de escritos referidos a sus experiencias en tierras de África. En 1909 lo encontramos de visita en París para dictar en la Sorbona una serie de conferencias sobre sus obras. Copiamos de una enciclopedia sus títulos:  Mi regreso de Scioa (Shoa o Showa), (1882); Observaciones meteorológicas recolectadas entre Zeila y Denka (1882); Mi viaje de Assab a Scioa (1883); Los territorios de Guraghé y las regiones vecinas (1886); El primer viaje de un europeo a través de Aussa: diario (20 de enero-27 de abril de 1883); En el África italiana (1891), pp. 53-77; Menelik, emperador de Etiopía (1891); Taitù, emperatriz de Etiopía (1891).

Algunas de las obras en las que Pietro Antonelli relata sus experiencias de una década y media en África.

    A ninguno de esos textos hemos podido acceder. Por lo tanto, es difícil imaginar sus sentimientos hacia el continente negro, tal como se lo llamaba en su época. ¿Habrá sido un depredador indolente, un conquistador que sólo pretendía nuevos territorios para su patria y la gloria para sí mismo? ¿O habrá dejado su corazón allí tal como lo haría la gran Karen Blixen tres décadas más tarde?

    Como sea, y rescatando la conjetura de algunas de sus biografías, ¿las aventuras africanas de Pietro Antonelli realmente habrán sido tan sólo una puerta para el olvido? ¿Habrá tenido algo que ver en todo eso  aquella pasión frustrada, nacida y muerta en Roma, allá por 1876? ⬜



© José H. Mito



Del Índice de personajes citados en el Diario de Marie Bashkirtseff.

Pietro Antonelli y su tío, el cardenal Giacomo Antonelli en el Glosario de la versión en español del Diario de Marie Bashkirtseff, de próxima aparición, actualmente en etapa de revisión general. La edición constará de dos volúmenes con un total de poco más de mil seiscientas páginas, de las cuales alrededor de cien estarán ocupadas por este índice de los miles de personajes citados —la mayoría mencionados sólo por el apellido— a los cuales en gran medida hemos podido identificar para este trabajo de traducción. La edición integral en francés del Cercle des Amis de Marie Bashkirtseff publicada entre 1995 y 2005 abarca dieciséis tomos. Esta versión en español es una selección de textos escogidos que representan un cuarenta por ciento del total, con una rigurosa continuidad narrativa, en la que se pretende rescatar a la verdadera Marie Bashkirtseff para el público hispanoparlante.



Marie Bashkirtseff Dixit: «Hay momentos en que uno enviaría al diablo el crisol intelectual, la gloria y la pintura para ir a vivir a Italia una vida de sol, de música y de amor.»  (Viernes 3 de mayo de 1878)



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