Tiempos de naturalismo


A la derecha, Émile Zola, retrato de juventud por Édouard Manet y dos autorretratos: el de Marie Bashkirtseff en atuendo de trabajo y el de Jules Bastien-Lepage, ambos paleta en mano., Fotomontaje.


    En algunas notas biográficas aparecidas a principios del siglo XX se solía citar erróneamente a Marie Bashkirtseff como alumna de Jules Bastien-Lepage. También se dice que se inscribió en el movimiento pictórico naturalista por la admiración que le profesaba a este joven pintor que transitaba la cumbre de su carrera. Intentaremos sostener aquí otra interpretación de los hechos: Marie Bashkirtseff simpatizó en primera instancia con el naturalismo escrito y, luego, su interés por la pintura naturalista y su aproximación a la obra de Jules Bastien-Lepage no fueron sino una natural consecuencia de aquellas lecturas que le hicieron cambiar su visión del mundo en que vivía.





«Me muero, es lógico pero es horrible.
¡Hay tantas cosas interesantes en la vida!
¡Con las lecturas, solamente!
Acaban de traerme Zola completo,
Renan completo y volúmenes de Taine.» 
(Lunes 5 de mayo de 1884)



Émile Zola
    Cuando, en 1867 un joven Émile Zola (1840-1902) publicaba su novela Thérèse Rauquin, con la que habría de dar origen a la corriente naturalista francesa, nueve años apenas habían transcurrido desde el nacimiento de Marie Bashkirtseff. Y aunque veinte años más tarde, poco tiempo después de la muerte de ésta, el movimiento naturalista ya no existía más, ese efímero cuarto de siglo de trayectoria le ha permitido a muchas de sus obras y de sus autores instalarse en el pináculo de los clásicos.  El naturalismo brilló con intensidad inusitada precisamente en el breve momento del siglo que vio a Marie Bashkirtseff transitar por este mundo. La época de Marie Bashkirtseff, entonces, fue la época del naturalismo. 

François Coppée
    El poeta, dramaturgo y novelista François Coppée (1842-1908), que prologó la edición de las Cartas de Marie Bashkirtseff publicadas siete años después de su muerte, le había realizado en una oportunidad una visita de cortesía a una señora en casa de la madre de nuestra artista. Allí, fortuitamente, la conoció. Fue en 1884, año en que el escritor obtenía su sitial en la Academia francesa y el último en la vida de Marie. Coppée dejará un relato de aquel, su único encuentro con Marie Bashkirtseff, del que rescatamos a continuación algunos de sus párrafos. Ante el pedido del escritor ella lo llevó a conocer su atelier de pintora: «...Sin embargo, una viva curiosidad me llamaba hacia el rincón oscuro del atelier donde yo percibía confusamente numerosos volúmenes, en desorden sobre los estantes, esparcidos sobre la mesa de trabajo. Me acerqué y miré los títulos. Eran aquellos de las obras maestras del espíritu humano. Todos en su lengua original, allí estaban los franceses, los italianos, los ingleses, los alemanes, los latinos también, y los mismos griegos, y no eran para nada "libros de biblioteca", como dicen los filisteos, volúmenes de exhibición, sino verdaderos libros de estudio, trajinados, usados, leídos y releídos. Un Platón estaba abierto sobre el escritorio en una página sublime. Ante mi estupefacción mademoiselle Bashklirtseff bajaba los ojos, como confusa y temiendo pasar por pedante, mientras que su madre, plena de satisfacción, me hablaba de la instrucción enciclopédica de su hija, me mostraba sus gruesos cuadernos, renegridos de notas [...] Decididamente molesta por la exhuberancia del orgullo maternal, la joven interrumpió la conversación con una broma...»

    Si bien Marie Bashkirtseff no recibió una educación formal más allá de la que desde su infancia y hasta su adolescencia le brindaron sus distintas institutrices y algunos profesores particulares, supo compensar esta falencia con su avidez por la lectura y con un apasionado interés por el conocimiento. Los libros y los autores del naturalismo, ya lo sabemos, figuraban entre sus lecturas preferidas.


    ¿Pero qué es el naturalismo?

Victor Hugo


    En tiempos de Marie Bashkirtseff en la literatura francesa todavía brillaban los escritores románticos, citemos como ejemplo nada más que a Victor Hugo y a Alexandre Dumas, padre e hijo, de quien ella escribirá en más de una oportunidad. 


La inmortal Cossete de Los Miserables: la miseria durante el Segundo imperio, según Victor Hugo. A la izquierda por el destacado ilustrador editorial Émile Bayard (1866) y, a la derecha, ilustración de portada de una de las última ediciones en inglés, del pincel de Marie Bashkirtseff (El paraguas, 1883)

Honoré de Balzac
    Sin embargo, a mitad del siglo XIX ya había surgido el realismo en la las letras galas. Los escritores realistas se contraponían al subjetivismo y a la evasión de la realidad de los autores del romanticismo proponiendo en sus obras una descripción fidedigna de la misma. Uno de los autores del realismo que Marie Bashkirtseff admiraba era Honoré de Balzac (1799-1850). En muchas ocasiones ella citará en su Diario personajes y situaciones de la monumental saga de novelas La comedia humana.`

     El naturalismo aparecerá década y media más tarde como una evolución del realismo aunque con ilustrados basamentos. Zola y sus cofrades fundamentarán su escritura en una serie de postulados científicos que —como los nuestros de hoy en día— mantenían aún plena vigencia. 
    Según las distintas fuentes que a vuelo de pájaro hemos consultado, éstos serían: en primer lugar, el positivismo de Auguste Comte que afirmaba que todo conocimiento debía partir de hechos reales y posibles de comprobar a través del método científico. Luego, el utilitarismo de Jeremy Bentham (1748–1832) y John Stuart Mill (1806–1873), una doctrina filosófica que afirma que, desde el punto de vista de la moral, la mejor acción es la que produce la mayor utilidad para el mayor número de individuos involucrados, lo que se conoce como bienestar social. Por otra parte, la teoría de la evolución, de Charles Darwin (1809-1882), que un año después del nacimiento de Marie Bashkirtseff había publicado El origen de las especies. Y el evolucionismo social de Herbert Spencer (1820-1903), enraizado en el darwinismo: Spencer postula que el principal criterio para la evolución social es la eficiencia de los individuos, a través de la competencia y la adaptación al medio, lo cual resulta en el progreso constante de la sociedad. También el materialismo histórico de Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895). Los métodos de la ciencia experimental, por otra parte, puestas a punto por el fisiólogo Claude Bernard (1813-1878) que harán del escritor naturalista no solamente un observador sino además un experimentador. Y, fundamentalmente, el pensamiento del filósofo francés Hippolyte Taine (1828-1893): el hombre es totalmente determinado por su medio y por las leyes de la herencia.

    Este cúmulo de nuevas concepciones había llegado para revolucionar el pensamiento de la época. Así escribe entonces Émile Zola en el prólogo de su obra La novela experimental: «...es una consecuencia de la evolución científica del siglo; sustituye al estudio del hombre abstracto, del hombre metafísico por el estudio del hombre natural, sometido a las leyes físico-químicas y determinado por las influencias del medio; es, en una palabra, la literatura de nuestra edad científica, así como la literatura clásica y romántica correspondió a una edad de escolástica y de teología.»

    El escritor del naturalismo enfoca científicamente a su novela y plantea hipótesis explicativas con objetividad. En la mayoría de las obras intenta demostrar que la condición humana está condicionada por la herencia genética y el ambiente en que le ha tocado en suerte vivir a cada individuo, pasando por la problemática social, gravísima en los bajos fondos que constituirán muchas veces la geografía de sus obras. Esto es, el determinismo. El naturalismo, según quienes lo han analizado, es la continuación del realismo, que describe la realidad de la manera más fidedigna posible, incluso en sus aspectos inmorales o vulgares pero agregando un contexto fisiológico y mostrando que el entorno donde vive el protagonista es una de las razones de su comportamiento. 

Niños de las clases bajas durante el Segundo imperio francés.
    El autor naturalista estará particularmente interesado en las clases sociales desfavorecidas: campesinos, trabajadores o prostitutas. En el realismo los personajes son en su gran mayoría integrantes de la burguesía con su mentalidad individualista y materialista y su confianza en el progreso personal. En el naturalismo, por el contrario, los protagonistas son dominados por el pesimismo ya que esta corriente proyecta su foco de interés a las clases sociales más desamparadas, aquellas que no tienen posibilidad de escapar de las condiciones sociales que controlan su destino. Ya en 1865 se podía leer en el prefacio de Germinie Lacerteux (1865) de los hermanos Edmond y Jules de Goncourt: «Al público le gustan las novelas falsas: esta novela es una novela verdadera. [...] Viviendo en el siglo diecinueve, en tiempos de sufragio universal, de democracia, de liberalismo, nos hemos preguntado si eso a que se llama "las clases bajas" no tenía derecho a una novela; si ese mundo que existe bajo un mundo, el pueblo, debía permanecer bajo el peso de la proscripción literaria y de los desprecios de los autores que han hecho hasta quí silencio sobre el alma y el corazón que [el pueblo] puede tener.»

Léon-Augustin L'hermitte, Les Halles, 1895. 

      El naturalismo, por cierto, apareció en un punto crítico de la historia. Corrían los tiempos en que el urbanismo desmedido, resultado de la revolución industrial, generaba condiciones de extrema pobreza en forma concentrada. En ese contexto, el escritor naturalista pergeña su obra persiguiendo un fin pedagógico: no le plantea su novela al lector como un mero entretenimiento sino que, partidario del progreso social  y convencido de los beneficios del saber y de la necesidad de la educación, desea poner en evidencia las llagas de la sociedad —el alcoholismo, la prostitución y la delincuencia, por ejemplo— y determinar las causas para que se pueda actuar sobre ellas. La novela naturalista es en definitiva una denuncia social y está pensada como un arma de combate político, filosófico y social.

Infancia en las fábricas, fotografía de Lewis Hine (1908), la otra cara de la revolución industrial. 

     «Mientras las corrientes estéticas y decadentes que entonces dominaban la literatura parecían no darse cuenta siquiera del problema social, Zola afrontó el conflicto fundamental de su tiempo, la lucha entre la clase propietaria y el proletariado, representándola de forma vibrante, verosímil y despiadada», redondeará sobre el tema José Manuel Ramos, uno de los más importantes especialistas en Guy de Maupassant, otro pilar éste de la literatura naturalista.


    ¿Qué representó la literatura naturalista para Marie Bashkirtseff?

    Ella, que escribía un Diario en el que se proponía mostrarse sin el menor tapujo, no pudo menos que sentirse identificada con la literatura-verdad del Naturalismo. Si bien sabemos que se acompañaba siempre con un libro y leía en todo momento —durante las comidas, en el descanso del atelier, mientras se trasladaba en coche de un punto a otro de la ciudad— no asentaba una crónica detallada de sus lecturas así que no sabemos en qué momento entró en contacto con las obras de los naturalistas. De uno de los textos capitales de Zola, L'Assommoir, que en español se conoce como La taberna, citará en primer término su asistencia a la representación teatral. Esto fue en febrero de 1879. Pero Marie Bashkirtseff tenía para ese entonces veinte años y desde su temprana adolescencia ella ya leía toda clase de libros, aún los considerados inconvenientes para las señoritas de su clase. Esto, sumado a que los naturalistas gozaban de una considerable notoriedad y que las obras de Zola y las de Flaubert, por ejemplo, eran publicadas desde principios de la década por la editorial Charpentier, una de las más prestigiosas del momento, nos hace inferir que más que probablemente ella los haya venido leyendo desde años atrás.

    En cuanto a la redacción de su propio Diario, Marie Bashkirtseff compartirá con los naturalistas su compromiso con la exposición fidedigna de la realidad —que en su caso es la de su propia vida— aunque conservará su estilo franco y depurado y no se dejará influir por el carácter provocador del naturalismo cuyos autores echaban mano a revulsivos como el feísmo y el tremendismo para llegar con mayor claridad al lector. «Confieso que a pesar de mis tendencias naturalistas (una palabra poco comprendida) y mis sentimientos republicanos, soy muy sensible a esos floreos de lenguaje. ¿Por qué todo eso no puede ir junto?...» (Martes 17 de agosto de 1880). También manifestará una intensa reprobación en lo atinente a las cuestiones de índole sexual, tal vez más por una cuestión que ella consideraba de buen gusto que por pacatería. «La diferencia muy grande, sin embargo, que existe entre Zola y Tolstoi es que Tolstoi no habla a menudo de celo, de deseos, de sexo, etc. Dice todo y no oculta nada y sin embargo esas cosas no predominan… Es que tampoco esas cosas son tan frecuentes en la vida real como para poder escribir dos páginas sin tener que extenderse con amor sobre la… conjunción de los sexos. Y Zola no es nada al lado del pornógrafo de Maupassant que no tiene más que eso en su repertorio.» (Martes 15 de julio de 1884). El sexo y las conductas sexuales estaban muy presentes en muchas de las obras de los autores naturalistas aunque éstos no abordaban esta temática desde el erotismo sino desde la descripción de las perversiones como síntomas de los males que afectaban a la sociedad.  En ese sentido, Marie Bashkitseff, que estaba muy identificada con los autores naturalistas, en la redacción de su Diario —en cuyo prólogo resalta que ha estado siempre dispuesta a contarlo todo— no podrá evadirse de las reglas de Taine y el ambiente en que vivía la llevará a refugiarse en eufemismos o parábolas para así contarlo todo: «Discípulos de Maupassant: no atribuyan este estado a… en fin, a insomnios de chica adulta. No, mis pobres amigos. No es eso. Aunque jamás esas cosas me hayan quitado el sueño, conozco la diferencia.» (Domingo 22 de junio de 1884). 

Henri de Toulouse-Lautrec, El bebedor (1882)
   Con el tiempo la lectura de Zola se convierte en una de sus predilectas. «Leo a Zola todas las noches.» (Lunes 24 de noviembre de 1879). Cuando, años más tarde, lee —o relee— L'Assommoir nos dejará el testimonio de aquello que ha significado la literatura naturalista para ella, ya hemos citado este párrafo tan trascendente en otra ocasión: «Antes de ayer terminé L’Assommoir y me sentí casi enferma, tan atrapada por la realidad que encontré en ese libro. Me parecía vivir y conversar con esas gentes. Me sentí en un momento indignada de vivir y de comer, pensando en esos horrores que ocurren a mi alrededor, un poco más allá de mi vista… Todos deberían leerlo para mejorar… Al final me calmé, sabiendo que una acción mía, aislada, resultaría imperceptible… ¿Quién puede, entonces, cerrar los ojos a la cuestión social? ¡Ah!, sí, es preciso que todo el mundo se comprometa, ¡ah!, sí que es necesario.» (Jueves 3 de febrero de 1881). L'Assommoir trata de los estragos que causaban el alcoholismo y la miseria en los seres que habitaban las paupérrimas periferias de París.


Ellos, igual que Marie Bashkirtseff, tenían un alma
con la que padecer los sufrimientos.
    Tal como lo hemos expresado ya en el capítulo sobre su vida y su obra, la literatura naturalista significó para Marie Bashkirtseff un cambio en la perspectiva desde la que observaba el mundo y la época en que vivía. Desde las obras del naturalismo comenzó a tomar consciencia de que el universo se extendía más allá del entorno aristocrático y burgués en el que transcurrían sus días y de que quienes habitaban los suburbios periféricos y los bajos fondos eran seres que, como ella, poseían un alma con la que padecer sus sufrimientos, tal como lo hacía ella calladamente con sus propios tormentos que, desde hacía años, la estaban llevando a la tumba. «Dios mío, no quiero quejarme, incluso me avergüenzo de vivir como vivo cuando tantos seres sufren mil veces más. Los que están impedidos o son pobres u obligados a trabajar.» (Viernes 26 de enero de 1883). Como pintora, en la academia Julian se educó con los maestros del academicismo, la pintura clásica o tradicional que se entregaba a pintar temas históricos, religiosos o mitológicos. Al academicismo ya le comenzaban a poner coto las nuevas corrientes, el impresionismo entre ellas que, con su carácter sensorial, ponía el acento en los efectos de la luz y del color sin ocuparse demasiado del sujeto que abordaba.
Jules Bastien-Lepage
    También estaba el naturalismo, encabezado por un joven pintor de Lorena, Jules Bastien-Lepage. Por supuesto que, desprovistos de la elocuencia verbal, los artistas del naturalismo debían resumir toda su retórica en una única imagen, aquella que en sus cuadros plasmaban. Varios años más tarde Marie Bashkirtseff lo expondrá de esta manera, luego de conversar con Bastien: «Jules dice que la pintura es el resumen divino de la literatura, la quintaesencia… Trescientas páginas en una tela, veinticuatro horas en un minuto…» (Martes 14 de agosto de 1883)

Jules Bastien-Lepage, Pauvre fauvette.

    «Les diré que para mí, a esta altura de los tiempos, la pintura es Bastien-Lepage y la escultura, Saint-Marceaux.», escribirá Marie Bashkirtseff el sábado 4 de octubre  de 1879, mientras transitaba su segundo año de estudios en la academia Julian. A partir de la admiración que ella le profesó pudo surgir con el correr del tiempo una amistad entre ambos artistas que se prolongó hasta sus últimos días. Cuando, transcurridos cuatro pacientes años de atelier, Marie Bashkirtseff se sintió en condiciones de decidir su propio rumbo, prefirió la pintura testimonial de la corriente naturalista: plasmó en sus más importantes telas a los habitantes de los suburbios pobres de París. Se da por descontado que la inscripción de Marie Bashkirtseff en el naturalismo se debió a su admiración para con Bastien-Lepage, pintor en boga desde el año anterior, 1878, cuando había presentado en el Salon de Paris su muy controvertido cuadro Les foins. Nosotros creemos que han sido Zola y los escritores naturalistas quienes habían de antemano predispuesto el espíritu de nuestra artista para la admiración de Bastien-Lepage y su temática testimonial. Una aristócrata que había sido acérrima clasista difícilmente podría interesarse por una temática contestataria como la que plasmaba el joven pintor lorenés sin que haya mediado una transformación trascendente en su mentalidad. Las obras de los escritores naturalistas le abrieron los ojos a Marie Bashkirtseff y entregaron al mundo a una pintora del naturalismo.


Marie Bashkirtseff, Jean et Jacques, óleo sobre tela, 115 x 155 cm., biblioteca Newberry, Chicago, EEUU (imagen cortesía Joel L. Schiff).


Marie Bashkirtseff, El paraguas (detalle), óleo sobre tela, 74 x 93 cm., 1883, Museo estatal ruso, San Petersburgo, Rusia.


Marie Bashkirtseff, Un meeting, 1884. Óleo sobre tela, 177 x 193 cm. Museo d'Orsay, París, Francia.

    Hemos citado en más de una oportunidad la impresión que han experimentado sus biógrafos —y el lector mismo de su Diario— luego de adentrarse en la vida de Marie Bashkirtseff: fue una mujer de nuestro tiempo. Estamos convencidos de que si ella estuviese ahora con nosotros comprobaría horrorizada —tal como lo hizo en su tiempo— que aquel París en el que vivió es hoy en día el mundo entero y que en sus suburbios la mitad de nuestros congéneres apenas sobreviven a las guerras, a las enfermedades, al hambre y a la ausencia de salud y de educación mientras nosotros, burgueses y aristócratas de nuestros tiempos, anestesiados frente a las pantallas, vamos tambaleándonos por la cornisa del mundo pensando en qué cosa nueva nos ofrecerán para consumir mañana. Lamentaría Marie, sin dudas, la ausencia del genio de un nuevo Zola que pueda despertarnos de este sopor. 


También tienen un alma.

    Por supuesto que no vamos a cometer aquí la ingenuidad de suponer que Marie Bashkirtseff ha sido una revolucionaria, ni siquiera en pensamiento, o que haya simpatizado con el movimiento socialista ni mucho menos con el comunismo que se preparaba para tomar el poder en su Rusia natal apenas unas décadas más tarde. Fue una aristócrata millonaria y aún cuando en más de una oportunidad haya donado su dinero de bolsillo —miles de francos, que era mucho dinero— a las instituciones de caridad, era de rigor que se entregase a derroches sin límites, propios de su condición. «Cometo esa injusticia de gastar en un vestido lo que haría comer a una familia durante seis meses… ¡Pero todos hacen lo mismo! No significa que esté menos mal.» (Viernes 26 de enero de 1883). Tal vez porque conscientemente se haya comprometido con la pintura testimonial o tal vez simplemente porque le han parecido sujetos interesantes para plasmar, lo cierto es que en sus últimos años pintó a los seres descastados de los suburbios parisinos, en otras palabras, quiso hacerlos visibles, a ellos y a sus carencias. Así que lo que sí podemos destacar aquí es su espíritu abierto, su permeabilidad y su inteligencia que le han permitido arrancarse de una de las más peligrosas enfermedades sociales de su época y de la nuestra: la indiferencia. Ya en otro capítulo, cuando hablamos de su vida y de su obra, hemos descripto esa evolución. No por nada vivió en tiempos de naturalismo y fue una pintora naturalista. ⬜



© José H. Mito




Fuentes:
•  Colette Cosnier. Un portrait sans retouches. Pierre Horay ed., París, 1985.
• José Manuel Ramos. El naturalismo.
• Wikipedia
Museo d'Orsay 
Maxicours.
Biografías y vidas.
Ciber arte.



Marie Bashkirtseff Dixit: ¿Me quejo contra la fortuna? No, no. Pero constato que la comodidad impide el desarrollo artístico y que el medio en el que se vive es la mitad del hombre. (Domingo 18 de diciembre de 1881)




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