Jules Bastien-Lepage, el último idilio.

Marie Bashkirtseff y Jules Bastien-Lepage, autorretratos con paletas. Fotomontaje.

   De todos los personajes que han rodeado a Marie Bashkirtseff, Jules Bastien-Lepage ha sido el más famoso y sobre quien más información es posible encontrar. El propósito de esta nota no sólo es esbozar un panorama de su vida y de su obra sino también aportar datos muy poco conocidos acerca de este joven y malogrado artista. Echaremos luz, además, sobre el ser humano que hubo detrás del gran pintor, un aspecto sustancial que, sin embargo, las enciclopedias omiten.
    A Jules Bastien-Lepage y a Marie Bashkirtseff los ha unido la admiración que ella le profesó y que la llevó a inscribirse en el Naturalismo, la corriente pictórica que aquél lideraba, y también una amistad que se fue volviendo más estrecha con la enfermedad y la proximidad de la muerte. La de ambos, acaecidas con cuarenta días de diferencia. 




  Para comprender cabalmente aquello que representaba Jules Bastien-Lepage en el mundo del arte de las postrimerías del siglo XIX, reproduzcamos estos párrafos del artículo Jules Bastien-Lepage, A new perspective, de William S. Feldman, para el sitio de The National Gallery of Victoria, Australia: 

    «Al abandonar sus pretensiones de un estilo de vida dentro del establishment, comenzó en 1876 a dedicar sus energías en una dirección alternativa, buscando su tema en la vida provincial de Damvillers. Al visualizarse como heredero de la tradición realista de Millet y Courbet, Bastien-Lepage adoptó una filosofía que se adhiere a esta visión: "Nada es bueno, sino la verdad. Hay que pintar lo que se conoce y se ama. Vengo de un pueblo de Lorena. Quiero, antes que nada, pintar a los campesinos y paisajes de mi tierra exactamente como son".
    «En una análisis del Salon, Emile Zola caracterizó perceptivamente el procedimiento de Bastien-Lepage como una oscilación entre las sensaciones del impresionismo y la delineación de la escuela académica: "impresionismo corregido, suavizado, puesto a las puertas de la masa."
    «En consecuencia, una escuela de seguidores de Bastien-Lepage surgió prácticamente de la noche a la mañana, atrayendo a practicantes de Francia, Gran Bretaña y de toda Europa. En 1883, la situación había alcanzado tales proporciones que un crítico del Salón observó con exasperación: ¡En cada sala, sobre cada pared, a cada paso, Bastien-Lepage!, por todas partes, siempre y sin cesar... Hoy día tanto pinta todo el mundo como el señor Bastien-Lepage que el señor Bastien-Lepage parece pintar como todo el mundo.»

    Lamentablemente fue precisamente en ese punto de su carrera cuando la enfermedad ya no le permitió trabajar más. Tenía treinta y cinco años. Habría de morir al año siguiente.




«Ese cochino de Jules y su madre pasaron tres días en el campo en casa de una madame Bouchardon o Bouchardier, que tiene un hijo amigo de Jules.» (Jueves 17 de julio de 1884)

    Despechada porque Bastien se entregaba a otras amistades, así, sin aportar mayores precisiones, protestaba Marie en su Diario, un par de meses antes de su última recaída. 

    En cuanto a la señora aludida hemos podido averiguar que en realidad se trataba de Joséphine Théonie Percheron, mientras que el susodicho hijo era el joven escritor Henri Amic (1853-1929, foto), cinco años menor que Jules.
     Más tarde, doce años después de la muerte de Bastien, Amic habrá de publicar un volumen titulado Jules Bastien-Lepage, Lettres y souvenirs (Cartas y recuerdos) en el que reproducirá epístolas que Jules le ha enviado a su familia desde sus primeras épocas de estudiante en París. En las páginas de esa obra Amic relata justamente aquel episodio: «Quiero hablar del 14 de julio previo a la muerte de Bastien. Él había querido escapar de las fiestas (patrias) de París para venir a Gonvicux, donde mi madre y yo habíamos reunido algunos amigos.» 
    Amic será novelista, dramaturgo y periodista. Digamos aquí que hoy en día existe un Premio Henri Amic, instituido por la Academia Francesa en 1932.


    Henri Amic, Jules Bastien-Lepage, Cartas y recuerdos. París, edición del autor, 1896. En esta imagen, una edición más reciente.

    A fines de 1884, la prematura muerte de Jules Bastien-Lepage sacudió Francia. Todos los medios se hicieron eco de la noticia.

    Ahora bien, releyendo aquellas viejas páginas descubrimos asombrados con qué morbosa fruición se ha podido fantasear en aquellos tiempos sobre tan trágico instante.

    Asegura Amic, por ejemplo, que en esa circunstancia sólo se encontraban en el apartamento Emile Bastien, la madre y él mismo.


    Sin embargo, otra versión nos dice  que el pintor murió en brazos de su amigo Charles Baude (foto), será la publicada en el obituario que el periodista Louis de Fourcaud —amigo también—, escribió para Le Gaulois.
    Curiosamente estos dos relatos contrastan además con aquel otro en los mismos términos pero con Bojidar Karageorgevitch en la cabecera de Jules, que consignáramos en su respectivo post
    Y con la de André Theuriet, tal vez la más verosímil, que dice que sólo estaban presentes su madre y su hermano.


     Su amigo Pascal Dagnan-Bouveret (1852-1929, foto) lo pintó en su lecho de muerte. Henri Amic habrá de afirmar que ese retrato mortuorio fue hecho a cuatro manos, con la colaboración de Gustave Courtois y él mismo sosteniendo una bujía. Jules había conocido a Dagnan-Bouveret en sus primeras épocas en París, cuando comenzaba a estudiar en el atelier de Cabanel.

     De aquellos tiempos data también la amistad con Gustave Courtois (1852-1923, foto), que había representado a Marie Bashkirtseff en el mismo trance, un mes y medio antes. Marie había deseado que fuese Jules quien se encargase de este último retrato, así lo plasmó en su testamento, luego de describir su última veste: «Quiero ser pintada así por el señor Jules Bastien-Lepage, tamaño natural.» Pero Jules, en sus últimos días, ya no podía pintar más.

    Llama por lo demás la atención en la libro de Amic, dada su manifiesta cercanía con Jules Bastien-Lepage, que nada refiera acerca de las frecuentes visitas de Marie Bashkirtseff en esos últimos tiempos ni las que Jules le devolverá después, cuando ella ya no pueda salir más, postrada por su propia enfermedad.

    En el periodismo decimonónico latía una inmensa confianza en la ingenuidad de los lectores, así que no sabemos cuánto habrá habido de verdadero o de falso en cualquiera de estas versiones, la de Henri Amic no deja de plantearnos más de una duda. Aún así, a fin de ilustrar este artículo habremos de extraer de su libro algunos párrafos de las cartas de Jules a su familia, a las que consideramos, por su grado de verosimilitud, —cruzamos los dedos— reproducción textual.

    Por otra parte, este post se nutrirá también de un libro que publicó el poeta, novelista y dramaturgo André Theuriet (1833-1907) en 1885, pocas semanas después de la muerte de Bastien: Jules Bastien-Lepage, L´'homme et l'artiste. (El hombre y el artista).


André Theuriet publicó en 1885 Jules Bastien-Lepage, El hombre y el artista. Ed. Charpentier, París. En la imagen, una edición más reciente.

    Quince años mayor que Jules, Theuriet lo había conocido en una de las primeras exposiciones que aquél presentara en París y los acercó el apego de ambos por los terruños del Mosa, de donde también era oriunda la madre del escritor. Jules pintó su retrato (en la imagen, detalle) y en él inscribió un significativo testimonio: «A mi amigo André Theuriet»; también dejó un aguafuerte con una escena en la intimidad del atelier de Damvillers, en donde se lo ve al escritor en pose de amigo de la casa. Así contará esa escena el propio Theuriet: «Jules licenció al pequeño deshollinador que le servía de modelo y, tomando una placa de cobre, nos hizo posar para un aguafuerte. Tengo ante mis ojos esa placa, que representa a todos los habitantes de la casa, incluyendo al abuelo, en círculo alrededor de un amigo nuestro que, de pie y muy grave, recitaba una fábula de La Fontaine. Mientras que lo contemplo me parece escuchar todavía las alegres risas que poblaban el atelier y que se alternaban con el repiqueteo del granizo de marzo sobre los vidrios.»

Jules Bastien-Lepage, Una tertulia en el atelier de Damvillers. Sentado, André Theuriet con Jules a sus espaldas en gesto de amistad.

    Recordemos entre paréntesis que a André Theuriet —que había recibido la Legión de Honor en 1879 y, en 1880, el premio Vilet de la Academia francesa— le habremos de deber el oficio —llamémoslo así— con el que trabajó los textos del Diario que Marie Bashkirtseff dejó escrito para que, una vez publicado, se transformase en un best-seller a nivel mundial. Aunque tal vez ese mismo celo le haya valido a ese Diario el precipicio del olvido cuando, de mitad de siglo XX para acá, los textos azucarados fueron cayendo en lo demodé. Seamos, de todas maneras, indulgentes con Theuriet: no es razonable medir a las épocas pretéritas con la vara de nuestros tiempos, que invariablemente habrán de concluir igual de efímeros. 

    Nos dice Theuriet que Bastien —que en los últimos meses sólo había podido dormir con la ayuda de inyecciones de morfina— se adormeció en la madrugada del 10 de diciembre de 1884 y expiró a las seis de la tarde. «Sobre los asientos y contra las paredes estaban colocados los recientes estudios traídos de Damvillers y uno sentía estrujarse el corazón a la vista de esas últimas obras, en las que la naturaleza había sido observada y reflejada con una ciencia, una penetración y un encanto incomparables. Allí estaban le Pêcheur de grenouilles (El pescador de ranas), le Petit Ramoneur (El pequeño deshollinador), la Lessiveuse (La lavandera), la Mare à Damvillers (Las charcas de Damvillers), la Lisière du bois (El linde del bosque), l'Église de Concarneau (La iglesia de Concarneau) y ese estudio de cielo nocturno, tan original con su cobertura de nubes cerrándose sobre un azul casi negro.»

    Tenía treinta y seis años y había sido uno de los grandes artistas de su tiempo. 

    Dos días más tarde un largo cortejo de amigos y de admiradores condujo su ataúd hasta la estación del Este, donde un furgón habría de trasladarlo hasta el Mosa, su terruño natal.

    El 17 de marzo de 1885 se realizó en una dependencia de la Escuela de Bellas Artes la exposición póstuma de sus obras. Doscientas telas y cien dibujos. Allí estaban todos sus cuadros, excepto Juana de Arco, que había sido comprada por un norteamericano y que dos años antes Marie Bashkirtseff había pensado rescatar. 

 «En este momento acabo de escribir a América para preguntar si el monsieur Davis que ha robado por veinte mil francos a la Juana de Arco está dispuesto a revenderla.» (Sábado 19 de mayo de 1883)

    Escribe Theuriet: «Cuando entré por primera vez en las salas reservadas a sus cuadros me quedé largo tiempo padeciendo una impresión que ya había sentido en la exposición de las obras de una artista de gran talento, mademoiselle Bashkirtseff, segada al mismo tiempo que él, en plena juventud.» La exposición póstuma de Marie Bashkirtseff había tenido lugar en el Palacio de la Industria, en febrero de 1885, un mes atrás.    

    Luego, y durante los años siguientes, Emile Bastien-Lepage se entregó de lleno a la difícil misión de recaudar fondos entre sus amigos y admiradores para erigirle un monumento y una estatua a su hermano. Él mismo diseñará el mausoleo construido con piedra dura de la región, una columna a cuyos pies yacen hoy los restos de Jules y de sus familiares más cercanos. La estatua, en bronce, será obra de Auguste Rodin. Cinco años pasarán antes de que todo esté listo para la inauguración.

      Pospuesta una semana a causa de elecciones locales, el domingo 29 de setiembre de 1889 es el día señalado. Mala elección porque la mayoría de los artistas y funcionarios invitados se vieron retenidos en París por la entrega de premios de la grandiosa Exposición universal en el centenario de la Revolución francesa y en la que la Torre Eiffel hizo su debut en sociedad. Por otra parte, llovía torrencialmente. La población del lugar, sin embargo, a pesar de algún sentimiento encontrado —«¿qué ha hecho ése por la región para tener una estatua aquí?», se le escuchó decir a alguien que no imaginaba que los cuadros de Bastien habían inmortalizado a la gente del Mosa— salió a la calle porque la celebración coincidía con la festividad local y la perspectiva de fuegos de artificios y de alumbrado en las calles prometía un buen movimiento comercial. Así las cosas, la ceremonia se llevó a cabo en las instalaciones del mercado cubierto, a causa del aguacero, con varios discursos, entre ellos uno muy sentido de Dagmar-Bouvelet y la lectura de una carta de André Theuriet. Dice alguna crónica que los invitados —entre quienes se contaban Bojidar Karageorgevitch, Albert Wolff, Louis de Fourcaud—, que habían logrado salvar los doce kilómetros de la estación de trenes más próxima, se llevaron como souvenir la imagen de los personajes de los cuadros de Bastien a quienes encontraron en carne y huesos: la mujer de los henares, por ejemplo, que tenía una tienda de tabaco, la chica de la comunión que ya era madre de familia y Juana de Arco sirviendo las mesas en el banquete de cien cubiertos. Emile Bastien, con toda seguridad, habría querido que las cosas hubiesen resultado de manera más lustrosa. 

De fondo, el mausoleo de Jules Bastien-Lepage en Damvillers, erigido por su hermano Emile Bastien-Lepage. Y, al frente, estatua en bronce por su amigo Auguste Rodin. Crédito de la foto: Patrimoine du nord meusien.

    Como sea, a partir de allí Jules Bastien-Lepage comenzaba su lento pero seguro peregrinaje hacia el olvido. Lo hará en compañía de Louise Breslau, de la propia obra de Marie, y de tantos otros grandes artistas de su tiempo, arrollados todos por la estampida de coleccionistas y mercaderes que corrían —hay quien dice— espantados por el fantasma de la máquina fotográfica.

    En 1899 se quejaba André Theuriet de que los viejos amigos ya habían olvidado hacer el peregrinaje al mausoleo de Jules y que sólo los petirrojos visitaban su tumba.

    En 1984, en el centenario de su muerte, hubo exposiciones de sus obras en Verdun y en Montmédy, ciudad ésta donde también se le erigió un pequeño museo.







    Jules Bastien-Lepage había nacido el 1° de noviembre de 1848 en el pequeño pueblo campestre de Damvillers, doscientos ochenta kilómetros al este de París, en el departamento de la Meuse (el Mosa), de una Lorraine (Lorena) que por ese entonces era todavía una provincia francesa. Sus padres eran propietarios rurales, aunque su situación económica no era para nada holgada, tal como la de la mayoría de los residentes del lugar. Por los demás, éstos no eran muchos: unos mil habitantes en total. En la granja familiar vivían sus padres, Claude Bastien (1816-1877) y Catherine Adèle Lepage (1825-1895) y su abuelo materno, Charles Nicolas Lepage (1797-1883). Seis años más tarde nacerá su hermano Emile (1854-1938).
    Leemos en más de una noticia biográfica que su padre, que tenía habilidades manuales, lo inició en el dibujo muy temprano. Su infancia seguramente habrá transcurrido como la de cualquier otro chico de campo. Cuenta André Theuriet, que se consideraba a sí mismo lorenés, que a los veintidós años le tocó cumplir con una pasantía en el pueblo de Damvillers y en ese exilio su único pasatiempo era sentarse junto al mercado de granos y ver a todos los párvulos del pueblo correr tras una pelota. Entre aquellos niños gastaba sus energías su futuro amigo, el pequeño Jules, que tal vez ya habría cumplido sus siete años.

    Jules estudió su bachillerato en Verdún, a veinticinco kilómetros de Damvillers. La idea era elegir luego una carrera administrativa relativa a los bosques o a los puentes y rutas, en las cuales sus habilidades con el dibujo le allanarían el camino. Sin embargo, ya con el título de bachiller en la mano, tuvo en claro que aquello que deseaba era una carrera como pintor. 

    Muy difícil, porque había que viajar a París y los Bastien apenas contaban las monedas para la subsistencia diaria. Sin embargo, la familia habría de afrontar cuanto sacrificio fuese necesario para apoyarlo. Su madre trabajará en los campos para ayudar a la economía; «mi abuelo, sin decirme nada, había suprimido de su pequeña pensión las monedas de su tabaco para poder enviarme algunos dulces», contará más adelante el propio Bastien. Él, por su parte, aportará lo suyo decidiéndose a trabajar en la oficina de correos de París. El consejo general del Mosa le otorga una pequeña pensión y entonces se puede presentar al examen de ingreso a la Escuela de Bellas Artes. 

    Cuando, en 1883, muere el padre de Marie Bashkirtseff, Emile Bastien le envía una esquela de condolencias y ella se burla del modo en que aquél escribe mientras se pregunta cómo lo habrá de hacer su hermano, el gran pintor.

«No habría que burlarse de la forma porque el fondo viene del corazón, pero es igual, es una carta casi de portero. ¿Acaso el gran hermano escribirá mejor?... querría sacarle una carta…» (Miércoles 13 de junio de 1883)

    Al contrario de lo que pueda conjeturar Marie Bashkirtseff, Jules escribe muy bien. Las cartas que diariamente redacta para su familia se erigen como una suerte de Diario íntimo que el joven pintor deja escrito sin proponérselo. «7 de octubre de 1868 - Me pone feliz cuando cada noche les cuento los acontecimientos del día. Me parece que converso con ustedes.» Y, más adelante: «Mayo de 1869 - No se molesten conmigo si no reciben la continuación de mi Diario que comenzó cuando llegué a París. Desde que voy a los cursos nocturnos me es difícil escribir: no tengo tiempo.» Lamentablemente en el volumen de Amic hay muy grandes lagunas y no podemos sino preguntarnos si la correspondencia completa ha sobrevivido y en qué lugar podrá estar.

    Veamos lo que dice el joven estudiante, recién llegado a París: «17 de octubre de 1867 - Somos alrededor de doscientos para el concurso, de los cuales ingresarán cincuenta [...] Cuando sea empleado del correo y tenga que levantarme a las tres y media de la mañana tomaré además una taza de chocolate de veinte centavos.» Mas adelante y a punto de comenzar el nuevo año, Jules les explica que en el atelier de Cabanel, donde ha intentado ingresar, no hay una sola vacante. El maestro, sin embargo, lo alentó a aguardar un tiempo e intentarlo una vez más. «31 de diciembre de 1867 - Mis buenos padres, he aquí que ha llegado el día  que cada año nos reunía. Esta vez estoy ausente [...] Pienso que pronto no tendréis necesidad de sostenerme en París, por el contrario seré yo quien iré en vuestra ayuda y estaré muy orgulloso de ello.» Este será el pensamiento que obsesivamente habrá de guiarlo todo el resto de su corta vida. Podemos decir sin medias tintas que la gratitud hacia su familia ha moldeado el destino artístico de Jules Bastien. Es probable que durante estas épocas haya adosado a su apellido el Lepage de su madre y de su abuelo —no es de norma en Francia—, que también su hermano Emile portará. Años más tarde, por una carta que le escribe a su abuelo, podemos tomar nota del grado de afecto que existía en la familia. Jules ya era un pintor consagrado y Emile, que vivía con él en París, finalizaba sus estudios de arquitectura: «11 de abril de 1878 - Mi querido abuelo, la postadata de la carta me hace escribirte apenas la he recibido. Le doy gracias al pensamiento que te la ha dictado. Tranquilízate si no te he hablado de Emile [...] Sabe, abuelo, que nunca —entiéndelo—, nunca nos acostamos ni nos levantamos sin un beso. Tu preocupación es una nueva señal del afecto que sientes por nosotros.»

    Seis meses después de ingresar al correo, y ya alumno de Cabanel, Jules comprende que trabajo y estudios no son compatibles. Los cursos ocupaban todo el día, por la mañana había clases teóricas en la Escuela de bellas artes y, a la tarde, la práctica en el atelier del gran maestro. «2 de abril de 1868 - Sin poder ir más que al atelier, sin poder frecuentar los cursos de la Escuela, todos los logros me están forzosamente vedados [...] Este cansancio permanente que experimento al levantarme todos los días de madrugada no tardará en postrarme en cama.» Se volcará, por tanto, exclusivamente a los estudios y seguirá adelante, a duras penas, con su pequeña pensión y los pocos francos que podrá enviarle la familia.


    Digamos aquí que Alexandre Cabanel (1823-1889, foto) era uno de los más celebrados pintores del academicismo, es decir, de la vieja escuela que ya estaba siendo confrontada por las nuevas corrientes, el impresionismo entre otras. A sus cuarenta y cuatro años, sin embargo, conservaba en ese entonces todo su prestigio.


Tancrede Baster, El atelier de Cabanel en la Escuela de bellas artes, 1883.

    En julio de 1868, mientras continúa con sus estudios, vemos a Jules en búsqueda de recursos con los cuales apuntalar un poco su tambaleante economía. Aquí está coloreando fotografías: «Todas las veces que le llevo al fotógrafo las pruebas que me dio para experimentar, él me responde que no es lo que quería.» Y agregará, desconsolado: «El próximo domingo le pediré a Cabanel un certificado para obtener una pensión de departamento. Mientras tanto, queridos padres, envíenme dinero lo más pronto posible, pues tengo muchas necesidades.»

    Ese mismo mes, vacaciones de verano boreal, retornará a Damvillers no sin antes pasar por Verdún a recoger a su hermano Émile —el futuro arquitecto y gran amigo de Marie Bashkirtseff— que, a sus catorce años, estudiaba su bachillerato.

    De regreso a París, meses después podrá darle la primera alegría a su familia. «Octubre de 1868 - Algo que les dará mucho placer es que he terminado primero en el concurso de la clase de dibujo de la calle de la Escuela de medicina. Y algo que les hará más felices todavía es que he sido primero en el concurso de lugares de la Escuela de Bellas Artes. Es un verdadero éxito para mí, había que ver la sorpresa de todos los alumnos [...] Collin aprobó también.»

    

    Raphael Collin (1850-1916, foto) se contó entre los pocos amigos de Jules en aquellas épocas. Habían cursado juntos el secundario en Verdún y ahora coincidían en el atelier de Cabanel. Collin habrá de convertirse en un destacado ilustrador y pintor; será designado miembro de la Academia de bellas artes y recibirá la Legión de Honor.

    «Mayo de 1869 - El señor Lambert vino a verme y estuvo contento. Sin embargo, no vino a buscar su retrato. Me pagará, creo, treinta francos. Me servirán para comprar un sombrero y una chaqueta porque ya no sé qué echarme sobre las espaldas. No tengo un solo pantalón conveniente. Les enviaré uno para reparar y me harán otro que pagaré dentro de algunos meses.»

    Este año de 1869, tras dos años de estudios, Bastien prepara un cuadro para el próximo Salon: es Quasimodo besando el cadáver de Esmeralda. Da la impresión de que no fue aceptado. Aunque, según Theuriet, en 1870 se presentó por primera vez en el Salon de París «con un retrato que no obtuvo mayor repercusión.»

    Por esta época hará el intento, aunque sin éxito, con el Prix de Rome (Premio de Roma). «21 de abril de 1870 - Queridos padres: el concurso fue juzgado pero yo no he obtenido una plaza. Será para el año próximo.» 

    El Premio de Roma era en ese entonces el más alto galardón artístico al que un artista de cualquier parte del mundo podía aspirar. Instituido en 1663, la recompensa era una beca de cuatro años para estudiar arte clásico en Italia.

    En julio de 1870 estalla la Guerra franco-prusiana que se extenderá hasta mayo del año siguiente. La provincia de Lorena cae en poder de los alemanes y Jules no puede regresar a Damvillers, donde quedó su familia. El enemigo avanza y París se prepara para la defensa. «20 de agosto de 1870 - Envidio a esos voluntarios a quienes veo partir, ¡fuerte y ágil como soy, sería un buen francotirador! [...] Acaso sufren ustedes las vejaciones de los señores prusianos. Si mi hermano no está seguro allá, envíenlo a París. Si hay alguna posibilidad nos alistaremos juntos.»

    Jules, efectivamente, se alistará y participará de la guerra como francotirador. El vocablo francotirador apareció precisamente en esta guerra y tal vez el término franco se refiera más a la nacionalidad que a su carácter de independiente. Francotiradores son en realidad —mal que le pese a Hollywood— fuerzas irregulares que por lo general no llevan uniforme. En consecuencia, en ese entonces los alemanes los consideraban guerrilleros y los ejecutaban sumariamente en el momento de ser atrapados. Será Marie Bashkirtseff quien confirme que Emile, adolescente, también estuvo en el frente, junto a su hermano mayor. 

«Bastien nació en noviembre de 1848. Tiene treinta y cinco años. Ya era pintor en 1870 y en consecuencia podría haberse escurrido a Inglaterra, tal como el dulce Tony [Robert-Fleury]. Sin embargo se alistó, lo mismo que su hermano, aunque éste apenas tenía quince años. Pero el hermano no tuvo tanto mérito, sólo seguía su ejemplo.» (Jueves 31 de enero de 1884) «Lo trajimos con nosotras y me hice contar cómo mató a un prusiano y cómo tuvieron que quedarse una media hora acostados boca abajo, sorprendidos por una descarga de fusiles.» (Viernes 5 de setiembre de 1884 )

Jules Bastien-Lepage, La lista, lápiz sobre papel, 1870. Crédito: Museo Bastien-Lepage de Montmédy.

    La compañía de francotiradores de la que formaron filas los dos Bastien era comandada por el pintor Charles Castellani (1832-1913, foto). Hemos encontrado un artículo del vespertino La presse del lunes 28 de julio de 1884 en el que se consigna el estado de salud de Jules y se menciona que otra enfermedad, la pleuresía, lo aquejaba en los años de la guerra y lo sumía en un estado depresivo, al punto que, según Castellani, parecía exponerse inútilmente al peligro en el frente de batalla. Resultó herido en el pecho y Castellani decidió, entonces, enviarlo a París, lejos de la línea de combate, al cuidado de una amiga enfermera a la que le recomendó retenerlo allí hasta el fin del conflicto. Durante el asedio prusiano parece ser que un obús impactó sobre el atelier de Jules.

Charles Castellani, Batalla de Loigny, 2 de diciembre de 1870.

    Derrotada Francia, las provincias de Alsacia y de Lorena quedaron en poder de los alemanes. Fue el momento de la Comuna y París se vio sacudido por tiempos de violencia y de anarquía. Jules pasa, entonces, todo 1871 en Damvillers y realiza numerosos retratos de familiares y de campesinos. 
    Regresa a París en 1872. Intenta encontrar trabajo de ilustrador en revistas y periódicos, pinta abanicos. Un fabricante de cosméticos le encarga un cuadro —un grupo de muchachas vestidas a la moda junto a una fuente— que luego no paga porque Bastien se niega a imprimir el nombre y la dirección de la compañía en la pintura. La presenta en el Salon de 1873 con el nombre de Au primtemps, en la primavera, sin el menor éxito.

    En 1874 presenta La canción de primavera, una adolescente en los campos de Damvillers con unos querubines desnudos a sus espaldas. «Quise representar la primera turbación de una chica —de una niña pura y honesta— en el momento en que la naturaleza misma parece conmoverse, en primavera.» 

Jules Bastien-Lepage, La canción de primavera.

    Pero en esa oportunidad también expuso el retrato de su abuelo, sentado junto a su huerto, que había pintado el verano pasado. «Fui recibido con una muy buena nota, lo cual me da la casi certeza de que voy a estar bien ubicado. El retrato sobre todo (el viejo abuelo va a estar orgulloso) fue muy señalado.» Este trabajo impactó al público y resultó su primer éxito, su nombre comenzó a resonar en París. «El señor Descamps vino a verme ayer. Pareció contento [...] Creo que hará adquirir mi cuadro por el gobierno. En todo caso pienso que lo venderé más fácilmente que el del año pasado.» Tenía veinticinco años y obtenía una medalla de tercera clase, además el Estado le adquirió, en efecto, La canción de primavera.
    Los encargos principiaron a arribar. Y aquel sueño de retribuir a la familia lo que ella le había brindado comenzaba a hacerse realidad. Más que significativo el tema escogido para su primer éxito, el abuelo Lepage. Seis largos años y una guerra habían transcurrido desde el momento en que el joven Bastien abandonara su terruño para buscar su destino en París.

 Jules Bastien-Lepage, Retrato de su abuelo, Charles Nicolas Lepage.




     Hagamos aquí un paréntesis y digamos que, visto en perspectiva y desde los estudios biográficos que de él se han hecho, poco es lo que podemos inferir acerca de su pasar económico. Quien se guíe por lo que anota Marie en su Diario cuando, admirada, describe sus cuadros más famosos que permanecen sin vender en el atelier de Bastien, podría pensar que éste podría haber sido una suerte de Van Gogh. Profundizando un poco, sin embargo, da la impresión de que sus ingresos no eran exiguos, tal es así que un cronista que viajó en 1889 a Damvillers para la inauguración de su monumento, cinco años después de su muerte, pudo constatar entre los vecinos algún sentimiento de envidia ante las grandes ampliaciones que en poco tiempo había realizado en la propiedad rural de sus padres, modestos granjeros de la región. 
    En este sentido, podemos aventurar que sus celebradas escenas de campesinos han echado un cono de sombra sobre la otra faceta de su carrera, la de su actividad como retratista. A diferencia de Breslau, cuyos retratos de clientes ocupan el lugar más destacado en su patrimonio artístico, muy poco es lo que ha trascendido de los que ha hecho Jules por encargo a excepción, por supuesto, del de los personajes notables. «17 de abril de 1878 - Mi sueño es poder exponer el retrato de la señora Godillot en el próximo Salon, es algo magnífico para hacer. La señora Godillot es una joven mujer muy bonita, tiene unos grandes ojos de un azul versoso que son sorprendentes.»

Jules Bastien-Lepage, Retrato de la esposa de Alexis Godillot, famoso fabricante de calzados que dio su nombre a unos gruesos borceguíes que utilizó el ejército francés hasta la Segunda Guerra Mundial y cuyo uso se extendió luego al ámbito civil, hasta la actualidad. 

«Nada se puede comparar a los retratos de Bastien. Que discutan sus cuadros… vaya y pase, pueden no comprenderlos, ¡pero sus retratos! Desde el comienzo del mundo hasta nuestros días no se ha hecho nada mejor…» (Lunes 1° de octubre de 1883)




    Corolario del éxito del retrato del abuelo en el Salón de 1874, ese año el acaudalado comerciante Simon Hayem (1811-1895), nacido en Verdún, le encarga su retrato, que habrá de ser el primero de una larga serie de trabajos con lo que se fue estructurando la economía del artista. Simon Hayem, un adelantado en cuanto a las acciones sociales para con sus obreros, era el padre de Charles Hayem, coleccionista de arte y mecenas francés, que poseía una de las más importantes colecciones de pinturas, dibujos, grabados y esculturas de fin del siglo XIX y que mantuvo contactos con Marie Bashkirtseff con la intención de comprar algunos de sus cuadros. «Mis queridos padres, llego de la casa del señor Hayem donde voy todos los días sin descanso a trabajar en su retrato. Para hacer más corto el camino me detengo en casa de Baude, desde donde les escribo.»



    Charles Baude (1853-1935, foto de su madurez), cinco años menor que Jules, habrá de ser un eximio grabador sobre madera a quien Albert Wolff, el todopoderosos crítico de arte de Le Figaro, llamó «el príncipe de los xilografistas». En tiempos en que todavía no existía el proceso fotomecánico para la impresión de fotografías en diarios y revistas, el talento de los grabadores era fundamental y Baude fue uno de los mejores de su época. Marie Bashkirtseff también lo eligió para reproducir sus cuadros. Baude será un íntimo amigo de Bastien y es aquel a quien se refiere el periodista Fourcaud en la introducción de este artículo. Marie Bashkirtseff puede atestiguar acerca de esa gran amistad.

«En fin, Emile traía en su bolsillo la carta que ese pobre Jules le escribió a su amigo Charlot, es decir el grabador Baude. Tanto le rogué que nos la entregó. Esa carta es incontestablemente encantadora, habla de lo que dice su «mamá»… de los árabes… siguió con «mamá», luego impresiones frescas y cosas encantadoras y de corazón y nada de un hombre común…» (Miércoles 26 de marzo de 1884) «—Un verdadero, un muy gran éxito—, dijo Emile. [...] Ese excelente amigo me pidió firmarle una autorización para Charles Baude, el grabador, amigo íntimo de Jules. Ese Baude va a fotografiar y a grabar mi cuadro para Le monde illustré (Sábado 3 de mayo de 1884)

Jules Bastien-Lepage, Retrato de Simon Hayem, 1874, National Gallery of Art, Washington, D.C.

     Bastien también trabajará en 1874 en otra pintura. «Todas las mañanas tengo como modelo a una niña. Es el estudio que proyecto para el Salon.» Jules presentará ambos trabajos en 1875. La communiante, la chica de la comunión, resulta otro éxito en el Salon.

Jules Bastien-Lepage, La chica de la Comunión.

    Conquistado el Salon, al público y a la crítica, decide ir por el mayor de los galardones, el Premio de Roma. En 1875 el tema era Un ángel viene a anunciar a los pastores de Belén el nacimiento del Salvador. «Mis queridos padres [...] tengo que pedirles una cantidad de cosas. Dos pieles de cabra de colores bastante claros [...] un saco de campesino hecho de manera grosera, en piel de vaca con pelo [...] una piel de ternero nacido muerto [...] cantimploras de calabazas hechas por mi padre, sin barniz [...] un cayado de pastor. Si es preciso mandar a hacer uno nuevo para obtener el viejo, que así sea. Envíenme todos esos objetos lo más pronto posible.»
    Parece ser que en la exposición previa a la decisión del jurado, el público  se inclinó abiertamente por el trabajo de Bastien, entre las diez obras concursantes. Ganar el Premio era ofrendarles la definitiva satisfacción a sus padres y, además, tener asegurada la subsistencia por cuatro años, cuando su economía no era sólida todavía. Según coinciden distintas biografías, la elección fue muy controvertida. Bastien, ya representante de las nuevas tendencias y otro pintor al que apoyaban los miembros del jurado enraizados en la vieja escuela fueron quienes más votos obtuvieron. Tras muchas discusiones y varias otras votaciones infructuosas, parece que Cabanel propuso un tercer concursante que, en definitiva, habrá de obtener el premio gracias a los votos de los jurados defensores de la corriente clásica. 

Premio de Roma 1875. Ganador (a la izquierda): Léon Comerre (1850-1916); segundo lugar: Jules Bastien-Lepage (centro); tercer lugar, Édouard Joseph Dantan (1848-1897).

Jules Bastien-Lepage, La anuncación a los pastores. 2° puesto en el Premio de Roma de 1875.

    Como dato anecdótico, al día siguiente apareció al pie del cuadro de Bastien una palma de laureles y alguna crónica de la época afirmó que habían sido los otros concursantes quienes la colocaron allí, reconociendo que debería haber sido el ganador. Según Henri Amic fue la ya por ese entonces célebre actriz Sarah Bernhardt quien había depositado esa palma y, a raíz de esa anécdota Jules le propondrá más adelante realizar su retrato, que expondrá en el Salon de 1879.

    En 1876, expone en el Salon el retrato de Henri Alexandre Wallon, historiador y hombre político francés, en ese entonces senador inamovible.

 Jules Bastien-Lepage, retrato de Henri Wallon (1812-1904).

    Este año participará otra vez en el certamen del Premio de Roma. El tema en esa oportunidad es Príamo a los pies de Aquiles. «Lo que hay que hacer es a Príamo reclamando a Aquiles —que ha matado a su hijo— el cuerpo del hijo. Para tener ese cadáver, el viejo Príamo se humilla hasta besar las manos asesinas de Aquiles. Príamo es viejo como el padre de Aquiles. Y Aquiles, el guerrero salvaje y terrible, está conmovido ante el aspecto del anciano que le recuerda a su padre. Esos son los sentimientos que hay que darle.» Sin embargo, muy decepcionado por la elección del año anterior, en esta oportunidad su entusiasmo es mucho menor. Tal vez ese galardón, el más importante del mundo, sólo significaba para él que sus padres supiesen que los años de sacrificios habían valido la pena. «Marzo de 1876 - Hay algo que me molesta: comienzo este concurso sin ninguna convicción; tal vez el tema del cuadro me dará un poco de valor. Realmente no me siento muy interesado por este Premio de Roma. Si lo obtengo, me tendré que alejar de París, ¡y podría tener tantos éxitos aquí!» Pero el Premio de Roma significaba, además, la inmersión profunda en la escuela clásica que sus instintos ya lo habían impulsado a abandonar. Esta vez quedará en tercer lugar.

Premio de Roma 1876. Ganador: Joseph Wencker (1848-1916, izquierda); segundo lugar: Pascal Dagnan-Bouveret (1852-1929, centro); tercer lugar: Jules Bastien-Lepage (derecha).

Jules Bastien-Lepage, Príamo a los pies de Aquiles. Tercer puesto en el Premio de Roma de 1876.

    Dagnan-Bouveret, ya lo habíamos consignado, era amigo de Jules desde sus primeras épocas de estudiante.

    El revés no significó demasiado para su ánimo porque ya estaba sumergido en nuevos proyectos. «Pero no hablemos más de eso, hablemos del mes de agosto. En los primeros días de ese mes deberemos estar juntos y juntos deberemos trabajar, porque quiero exponer vuestros dos retratos en el Salón y, al mismo tiempo, un cuadro que me propongo realizar allá.» Ese cuadro es, probablemente, Les foins (Henares) que marcará el punto de inflexión en su carrera pictórica.

    Paralelamente, dos veces finalista en el Premio de Roma, esta rara proeza le significó obtener muchos pedidos de retratos. «El retrato de una dama inglesa quedará terminado para noviembre; el de su marido vendrá después, probablemente. Por cada retrato recibiré cinco mil francos, tal como por el del señor Wallon.» 

    Para tener una idea de la cuantía de estos honorarios, consignemos que un profesor de la escuela de Bellas Artes percibía en ese entonces un salario de cuatro mil francos anuales, dato aportado por nuestra amiga Catherine Hayet, según «La vie d’artiste au XIXème siècle», de Anne Martin-Fugier. Y a través de estas cifras pordemos establecer también la envergadura del talento de Bastien, que ha venido realizando tan meteórica carrera.

    Luego de estas dos experiencias con el Premio de Roma que, como ya hemos expresado, venía a representar al arte clásico, académico o de la vieja escuela, Bastien rompió definitivamente con las corrientes tradicionales e inició, a partir de allí, su propio camino. Quienes saben de arte, lo catalogan, por su edad, como post impresionista. Para él, la elección será muy sencilla, viajará año tras año cuatro meses a los campos del Mosa, a su hogar, y pintará allí a los campesinos, tal vez en honor a su familia, que era campesina. Será inscripto en el Naturalismo, aquel movimiento que en literatura lideraba Emile Zola y que describe con crudeza y sin medias tintas la realidad social de su tiempo. Bastien dejará plasmados a sus paisanos, serán esos los cuadros que habrán de opacar a la inmensa cantidad de retratos de clientes encopetados que por necesidad pintará en París. Marie Bashkirtseff, que lo admirará sin tapujos, seguirá el camino por aquél trazado pero tras los paupérrimos habitantes de los suburbios de la ciudad luz.

«Eran las seis y media, verano, los porteros, los chiquillos de compras, los obreros, las mujeres, todo eso en las puertas o sobre los bancos públicos o charlando frente al mercader de vinos. ¡Pero si allí hay cuadros admirables!  [...] Permítanme que regrese a la calle… Se podría explotar esa mina… No querría tocar el campo, Bastien-Lepage reina allí como soberano, pero la calle no ha tenido todavía su… Bastien.» (Lunes 7 de agosto de 1882 )

    En el Salon de 1877 habrá de exponer los retratos de sus padres, Catherine Adèle Lepage (1824-1895) y Claude Bastien (1816-1877). Años más tarde Marie Bashkirtseff habrá de conocer a la madre de Jules y nos dejará esta descripción:

«Su madre estaba allí. Es mucho mejor que su retrato. Es una mujer de sesenta años que aparenta cuarenta y cinco o cincuenta. Los cabellos son de un rubio bastante lindo y con casi ninguna cana, una buena sonrisa, en fin, una mujer muy simpática y que se sostiene bien, con su vestido blanco y negro. Hace muy bellos bordados con dibujos que inventa ella misma.» (Miércoles 2 de julio de 1884)

Jules Bastien-Lepage, Retrato de su madre, Catherine Adèle Lepage.

Jules Bastien-Lepage, Retrato de su padre, Claude Bastien.

    «Febrero de 1877 - El señor Hayem acaba de encargarme un nuevo retrato, es el de su suegro, el señor Franck, miembro del Instituto. Es un retrato muy interesante para hacer: me pagó cuatro mil francos, por lo que el monto de mis encargos para 1877 rondaría los quince mil. Sin contar los estudios y cuadros que puedo hacer y vender aparte; con un poco de suerte, el año podrá ser bueno. Se habla mucho de vuestros retratos, en todas partes recibo elogios por ellos.»

Jules Bastien-Lepage, Retrato del filósofo Adolphe Franck (1810-1893), miembro de la Academia de ciencias morales y políticas.

    Su padre morirá ese mismo año, de una congestión pulmonar. Jules había tenido la satisfacción de que aquél fuese testigo de sus primeros éxitos. Emile, por su parte, terminaba sus estudios de arquitectura. «Éramos demasiado jóvenes para perder un tan buen amigo, a pesar del valor que uno tiene, el vacío, este espantoso vacío, es tan grande que a veces nos desesperamos.»

    A principios de 1878 estará terminando el retrato de su amigo, el escritor André Theuriet. «13 de enero de 1878 - El retrato de André Theuriet avanza, tal vez estará terminado para la exposición de la calle Saint-Arnaud [...] También llevaré el retrato del señor Klotz.»

Jules Bastien-Lepage, Retrato de André Theuriet

    En el Salon de 1878 presentará Les foins (Henares), una pareja de campesinos durante el descanso del mediodía. Fue el primer paso de un extenso camino que lo llevará a plasmar los paisajes y los habitantes de su tierra natal. Habrá de ser un éxito aunque muy discutido. A partir de ese cuadro, muchos pintores jóvenes siguieron sus lineamientos y de pronto se vio en líder de una corriente pictórica.

 Jules Bastien-Lepage, Les foins (Henares)

    Entre 1878 y 1879, una larga serie de retratos: George Charpentier, Sarah Bernhardt, Emile Bastien, del comerciente de sedas Victor Klotz y su esposa, entre otros. Desde esta época conoce un gran éxito como artista y una importante estabilidad económica. Lleva de visita a su madre y a su abuelo a París.

 Jules Bastien-Lepage, Retrato de la actriz Sarah Bernhardt.

 Jules Bastien-Lepage, Retrato de su hermano, Emile Bastien-Lepage


    Su fama trasciende las fronteras, como se suele decir. Viaja a Inglaterra para pintar al príncipe de Gales.

«Mi favorito Bastien-Lepage expone el rostro del príncipe de Gales en traje Enrique VII, con el Támesis y la flota inglesa de fondo. El fondo recuerda al de la Gioconda, por el tono.» (Lunes 7 de febrero de 1881)

 Jules Bastien-Lepage, Albert-Edward, príncipe de Gales (detalle).

«No sé si voy a decir una enormidad pero ustedes saben que no tenemos un gran artista. Está Bastien-Lepage, que se extravía en sujetos sin encanto y sin interés… ¿Los demás? Es el conocimiento, la costumbre, la convención, la escuela. Mucha convención, muchísima convención. Nada de verdadero, nada que vibre, nada que cante, que conmueva, que dé escalofríos, que haga llorar.» (Lunes 12 de mayo de 1879)

    En julio de 1879 es condecorado con la Legión de Honor, tiene treinta años. Viaja a Damvillers e instala su atelier en el amplio granero de la familia. Pinta una Juana de Arco en Domremy, cien kilómetros al sur de Damvillers, el pueblo donde había nacido aquella pastora lorenesa que se sintió llamada a liberar Francia. 

    Marie Bashkirtseff, que estudiaba en la academia Julian intentará conocerlo ese año. Lo visitará junto a su condiscípula Amanda Sidwall pero el encuentro no se produjo.

«Con Amanda fuimos a casa de Bastien-Lepage, que estaba ausente.» (Sábado 20 de setiembre de 1879)

     En el Salon de 1880 presenta el retrato del prefecto de policía Louis Andrieux (1840-1931, imagen) junto a su Juana de Arco, una campesina pobre oyendo las voces divinas, lejos de la guerrera de acerada coraza tantas veces representada. En torno a este último cuadro se crea una gran controversia. Jules esperaba la medalla de honor pero se queda con las manos vacías. 

«En cuanto a Bastien-Lepage, su cuadro golpea desde un principio como algo vacío, el efecto del aire libre. Juana de Arco, la verdadera, la campesina, apoyada en un manzano, sosteniendo una rama del árbol con la mano izquierda, que es una perfección, igual que el brazo. El brazo derecho pende a lo largo del cuerpo, es un fragmento admirable. La cabeza inclinada, el cuello extendido y los ojos que no miran nada, unos ojos claros prodigiosos. La cabeza es de un efecto extraordinario. Es la paisana, la hija de los campos, estupefacta, sufriendo su visión. El jardín frutal que rodea la casa es bastante natural pero hay… en suma es… bastante natural, pero no absolutamente porque parece avanzar y perjudica la figura. El rostro es sublime y me produjo una emoción tan fuerte que mientras escribo intento retener las lágrimas.» (Viernes 30 de abril de 1880)

Jules Bastien-Lepage, Juana de Arco.

    Viaja a Inglaterra. 1880 y 1881 son años fecundos: Les blés mûrs (los trigales maduros), Los docks de Londres, El Támesis, El campesino yendo a ver su campo un domingo, La niña rumbo a la escuela, retratos, el de Albert Wolff entre otros, Pas-Mèche (Nada qué hacer), La vendedora de flores, Une faneuse (secadora de trigo), dos grandes cuadros: El mendigo y Padre Jacques, expuestos en los Salones de 1881 y 1882. Inspirado en Shakespeare, de regreso de Londres piensa encarar La muerte de Ofelia. El Mendigo resultó un gran éxito en el Salon.

Jules Bastien-Lepage, A la escuela.

Jules Bastien-Lepage, Retrato del omnipotente crítico de arte de Le Figaro, Albert Wolff.

Jules Bastien-Lepage, El Mendigo.

Jules Bastien-Lepage, Padre Jacques.

    Abandona su viejo atelier parisino del N° 7 Impasse du Maine y se muda a un apartamento con atelier en un palacete del barrio de Parque Monceau. Por seis semanas viaja a Venecia y a Suiza. Durante 1881 y 1882 ejecuta una cantidad de retratos, entre ellos el de madame Juliette Druet (1806-1883), la acriz y escritora epistolar compañera de Victor Hugo durante cincuenta años.

 Jules Bastien-Lepage, retrato de madame Juliette Drouet.


   Su hermano, el arquitecto Emile Bastien-Lepage (foto), más allá de su profesión se entregará toda la vida a su vocación por la pintura y —bien que lo vimos en el post sobre Sophie Schaeppi— estaba muy relacionado con el ambiente artístico. Marie Bashkirtseff lo cita por primera vez cuando describe una de las grandes recepciones organizadas por la familia.

«Bueno, me ocupé de Coquelin y creo que llegué a establecer una cierta corriente de simpatía. ¡Ah!, y en lo que se refiere a los artistas, el hermano de Bastien. El jueves iremos a visitar al verdadero con la Cartwright y Georges Bertrand…» (viernes 13 de enero de 1882)

    Una fiebre de cuarenta grados le habrá de impedir conocer ese jueves a Jules, pero entre su hermano Emile y ella habrá de gestarse una sólida amistad. Unas semanas más tarde sus expectativas se cumplen al fin. Será de la mano de la norteamericana Madeleine Cartwright (en la imagen, detalle del retrato por Louise Breslau), muy relacionada con el mundo artístico.

«Madame Cartwright vino a buscarnos para ir a casa de Bastien-Lepage. Presentada por esta mujer hermosa, no me sentí enteramente cómoda. Allí encontramos a dos o tres norteamericanas y al pequeño Bastien, que es bajito, muy rubio, con el pelo a la bretona, la nariz respingona y una barba de adolescente. Una se queda pasmada, adoro su pintura pero me es imposible verlo como un maestro, tenía ganas de tratarlo como a un camarada pero sus pinturas estaban allí para atiborrarme de admiración, de pavor y de envidia. Había cuatro o cinco, todas de tamaño natural y echas al aire libre. Absolutamente bellas. Una de ellas representa a una cuidadora de vacas de ocho o diez años en un campo, un árbol todo desnudo y la vaca, atrás, un poco más lejos. Es de una poesía penetrante. Los ojos de la niña tienen esa ensoñación infantil y campesina, nocturna… no sé describirla. Da toda la impresión de un hombrecito muy contento de sí mismo… ese Bastien.» (Sábado 21 de enero de 1882)


Jules Bastien Lepage, Pauvre fauvette, Pobre avecilla.

    A lo largo de los próximos meses también se irá gestando una amistad entre el pintor célebre y su admiradora. Jules visitará a su vez el atelier de Marie. Unos meses más tarde, la familia Bashkirtseff se habrá de mudar al N° 30 de la calle Ampere, en el parque Monceau, a ocho o diez cuadras del departamento donde vivían los Bastien, en el N° 12 de la calle Legendre. Dejemos que nos lo cuente Marie Bashkirtseff:

«En cuanto al sábado, fue una muy buena jornada. Bastien, a quien había visto el día anterior en el baile, vino a visitarnos y se quedó más de una hora. Le mostré cosas mías y me dio consejos con una severidad halagadora. Por lo demás, ha dicho que estoy maravillosamente dotada, sin dar para nada la impresión de una simple cortesía, así que tuve un instante de alegría tan violenta que estuve a punto de agarrar a ese hombrecillo por la cabeza y besarlo.» (Lunes 30 de enero de 1882)
«No encontramos a Bastien en su casa, le dejé una esquelita y entreví lo que trajo de Londres. Hay un pequeño comisionista travieso apoyado sobre un mojón en la calle, una cree escuchar el estrépito de los coches que pasan. Y el fondo apenas está hecho, ¡pero la figura!» (Viernes 18 de agosto de 1882)
Jules Bastien-Lepage, El pequeño limpiabotas de Londres.
«A la mañana fuimos a ver las telas que el verdadero Bastien acaba de traer del campo. Lo encontramos allí, arreglando los bordes de los cuadros y ciertos detalles en los fondos. Nos reencontramos como amigos, es tan  gentil, tan buen chico… Tal vez no haya nada de eso pero tiene tanto talento… Como sea, es encantador. Y el pobre arquitecto absolutamente eclipsado por el resplandor fraterno. Trajo varios estudios, una noche en el pueblo: la luna ya salió y las ventanas se iluminan, un hombre que regresa del campo se detiene para hablar con una mujer que va a su casa. La ventana está iluminada, el crepúsculo maravillosamente plasmado, la calma que todo lo invade, las gentes que regresan a sus casas, todo se acalla, sólo se escucha a un perro aullar. ¡Es de un color, de una poesía, de un encanto!... Hay también allí una fragua donde un viejo hombrecito trabaja. Es muy pequeño y no es menos bello que esas maravillosas telas marrones que una ve en el Louvre… Al lado de esos paisajes, el agua: Venecia y Londres. Y dos grandes telas, una florista inglesa y una  chiquilla en el campo. Es grande como el natural y me ha colmado de estupefacción. En principio una se ve deslumbrada por la variedad y el todopoderío de ese talento que desdeña la especialidad y hace todo sobresalientemente. Su pilluelo inglés está una vez  más grande que esas dos chicas, en cuanto a su chiquillo del año pasado, intitulado «Pas-mèche» es absolutamente una obra maestra.» (Jueves 14 de diciembre de 1882)

Jules Bastien-Lepage, Atardecer en el pueblo.

Jules Bastien-Lepage, Una florista de Londres..

Jules Bastien-Lepage, La pequeña pastora..
«Hoy vino el verdadero, el único, el gran… Bastien. Lo recibí atolondrada, aturdida y confusa, nerviosa y humillada por no tener nada que mostrarle. Se quedó más de dos horas después de haber observado todas las telas en todos los rincones… sólo que yo le impedía ver, inquieta y riendo a su alrededor.» (Domingo 17 de diciembre de 1882)  
«Bueno, esta noche tuvimos para cenar al verdadero, al único, al incomparable Bastien y a su hermano. No habíamos invitado a nadie más, lo que resultaba un poco embarazoso. Venía a cenar por primera vez y todo parecía un poco demasiado íntimo, tal vez, de ahí el miedo a que la reunión se volviese aburrida, usted comprenden. En lo que se refiere al hermano, viene aquí casi tan familiarmente como… Bojidar» (Sábado 23 de diciembre de 1882)

Jules Bastien-Lepage, Retrato de su hermano Emile Bastien-Lepage.

    El 1° de enero de 1883 Bastien-Lepage recibió el encargo de diseñar la carroza mortuoria que habría de conducir el ataúd de Léon Gambetta (foto) hasta el cementerio de Père Lachaise. Durante ocho días, en Ville d'Avray,  la casa del gran estadista, pinta un cuadro que lo representa en su lecho de muerte. Marie Bashkirtseff, que sentía una especial admiración por el político republicano, también estuvo allí, invitada por los Bastien. 

«Bastien trabaja al pie de la cama, así, vean el plano. Los paños arrugados sobre el edredón que simula el cuerpo, las flores sobre las sábanas. En los grabados una no se da cuenta de las proporciones de la pieza donde la cama ocupa un lugar enorme. La distancia entre el lecho y la ventana no permite retroceder para nada, por lo que la cama está cortada en el cuadro, no se ven los pies. Ese cuadro es la verdad misma. La cabeza echada hacia atrás aparece de tres cuartos, con esa expresión de vacío luego de los sufrimientos, de serenidad todavía viviente pero ya de más allá. Una cree verlo en realidad. [...] Lo observé trabajar mientras que él charlaba con Dina y los demás estaban en la pieza de al lado. En el muro se encuentra el agujero de la bala que mató a Gambetta. Nos lo mostró y entonces la tranquilidad de esa habitación, las flores marchitas, el sol por la ventana, en fin, todo eso me hizo llorar. Sólo que él estaba de espaldas, consagrado a su pintura, y entonces, para no perder el beneficio de ese momento de sensibilidad, le tendí bruscamente la mano y salí rápidamente, con el rostro cubierto en lágrimas.» (Martes 16 de enero de 1883)

Jules Bastien-Lepage, Léon Gambetta en su lecho de muerte.


    Por aquellas épocas Jules comenzó a sentirse mal y regresó a Damvillers, donde lo esperaba su cuadro Amor en el pueblo. Bastien estaba contento pese a sus dolores de riñones y sus trastornos digestivos cada vez más frecuentes.

«En un huerto, una chica de espaldas, la cabeza y baja sosteniendo una flor en la mano se apoya en un seto, de este lado del seto un hombre joven visto de frente, también con la vista baja, mirando sus dedos a los que atormenta. Es de una poesía penetrante y de un sentimiento exquisito. En cuanto a la ejecución, no existe. Es la naturaleza misma. No hay allí pintura, no hay pinceladas [...] La chica vista de espalda, con su par de trenzas cortas y la flor en la mano, es un poema. Es un gran genio, verdaderamente. Velázquez pintaba tan bien como él pero no era más que un pintor inteligente. Mientras que Bastien es un artista sublime, un creador, un psicólogo. Y es bello…» (Jueves 15 de marzo de 1883)

Jules Bastien-Lepage, El amor en el pueblo.

    Durante esta temporada compra un gran huerto con frutales en Damvillers con el proyecto de construir allí un chalet para que sus amigos pasen sus vacaciones. Proyectaba un gran cuadro sobre el entierro de una joven en el campo. «También trabajé en un boceto del entierro de una muchacha. Hay allí para hacer un maravilloso cuadro. Será una de mis grandes ocupaciones del año próximo. habrá que procurarse vestidos de muselina blanca y de chales negros. [Mi prima y ahijada] Lucie posará para mí para el retrato de la muchacha que porta el estandarte. Por lo demás, habrá que hacer que todo Damvillers pose, porque habrá unos treinta personajes.»

Jules Bastien-Lepage, boceto para L'enterrement d'une jeune fille, (El entierro de una muchacha)

    Éxito de El amor en el pueblo en el Salon de 1883. Bastien se somete a un «doloroso tratamiento» y luego parte a Concarneau, en la costa atlántica de la Bretaña francesa, en viaje de reposo. Regresa a Damvillers para asistir a los últimos momentos de su abuelo.

    La amistad entre Jules y Marie dio origen a la creencia de que ella fue su alumna y en muchas biografías continúa así consignado. Etincelle, cronista de sociales del Figaro y amiga de Marie Bashkirtseff también lo resaltará sin que ésta, en ese momento, se lo haga desmentir.
En fin, una serie de días alegres: canto, río, charlo y Bastien-Lepage regresa como un refrán, no su persona ni su físico, apenas su talento. Nada más que su nombre… Sin embargo, tengo miedo… Si mi cuadro llega a parecérsele… Últimamente ha pintado un montón de niñas y de pilluelos. El célebre Pas mèche, entre otros, que es de lo más bello que se puede ver. Pues bien, el mío son dos niños que caminan a lo largo de la vereda, sosteniéndose de la mano.» (Martes 27 de febrero de 1883)
«Hay una decena de líneas de Etincelle sobre mí, absolutamente graciosas, soy una pintora notable, una bella jovencita y una alumna de Bastien-Lepage. ¿Qué opinan?» (Sábado 16 de junio de 1883)
Jules Bastien-Lepage, Pas-mèche (Sin nada que hacer).

Marie Bashkirtseff, Jean et Jacques

    La realidad era otra y Marie Bashkirseff lo consignará varias veces en su Diario.
« La mariscala y Claire cenaron ayer en casa de la princesa Mathilde y Claire me contó que Lefebvre le dijo que conocía mi talento, muy real, que soy una persona bastante extraordinaria, que salgo todas las noches y que, por lo demás, soy supervisada, dirigida o protegida por pintores ilustres. Muy elegantemente, Claire le preguntó, mirándolo a los ojos: —¿Qué pintores?, ¿Julian? —No, Bastien-Lepage. —Pero usted se equivoca absolutamente, señor, ella sale muy poco, trabaja todo el tiempo. En cuanto a Bastien-Lepage, ella lo ve en el salón de su madre y él no sube casi nunca al atelier—. Esta chica es un amor y dijo la verdad. Porque ustedes saben bien, Dios mío, que ese dichoso Jules no me ayuda en nada. Lo cual Lefebvre parecía creer.» (Viernes 31 de diciembre de 1883)

    A lo largo de ese año el nombre de Jules Bastien-Lepage se hará cada vez más frecuente en las  páginas del Diario de Marie Bashkirtseff

«Como sea, es Bastien el que ocupa mis pensamientos, aparte del arte, es el pequeño pintor de Damvillers el sujeto de mis ensoñaciones de jovencita.» (Sábado 11 de agosto de 1883) 
«La idea de que Bastien vendrá esta noche me pone tan nerviosa que durante el día no pude hacer prácticamente nada [...] No mostré ninguna pintura, nada, nada, nada. No dije nada fascinante, quiero decir que no brillé y cuando Bastien comenzaba una conversación interesante no supe responderle, ni siquiera seguir sus frases tan apretadas, quintaesenciadas, como su pintura. Si hubiese sido Julian le habría replicado porque es el género de conversación que me conviene más… Es extremadamente inteligente y comprende todo, se le puede hablar de todo, incluso es instruido, yo me temía una cierta ignorancia. En fin, cuando dijo cosas a las cuales yo debía responder de manera de revelar mis bellas cualidades de espíritu o de corazón, lo dejé hablar y permanecí estúpida.» (Domingo 12 de agosto de 1883)
    Pero en la vida del pintor de Damvillers había una mujer y ella lo sabía. Era Stephanie Mackay, viuda o divorciada con quien, a decir de alguna crónica de la época, Jules estuvo a punto de casarse. La presencia de este personaje penderá sobre los pensamientos de Marie, ella nunca estará segura de la verdadera relación entre el pintor y esa mujer.
«Mackay es prusiana, casada con un norteamericano. Su hijo tiene dieciocho años. Amó a Bastien por el precio que alcanzaban sus cuadros y él se enamoró locamente porque fue su primera mujer de sociedad y, además, en los primeros tiempos la había tomado por la riquísima Mackay. Parece que en los comienzos de ese amor él escribía cartas encantadoras a Cartwright en las que hablaba de Mackay en términos tan poéticos y con tan lindos giros de frases, tan sinceras y tan conmovidas que era algo exquisito.» (Sábado 18 de agosto de 1883) «Si Bastien termina por casarse con la Mackay, será una gran tristeza para la imaginación. Lo conocí hace veinte meses, creo que en febrero de 1882, estaba en el primer año de su Mackay y entonces el asunto dura desde hace cerca de tres años.» (jueves 11 de octubre de 1883) «Pues bien: estoy descontenta por no haber sabido arrancarle a Jules Bastien-Lepage a esa señora. [...] ¿Es el amor? ¿Acaso no lo pienso? ¿Tal vez sea mi manera de amar? No sé… la mía será como la de los demás… pero mejor.» (Jueves 8 de noviembre de 1883) «Dios mío, ¡haz que Bastien se enamore de mí!» (Martes 13 de noviembre de 1883) «Pintar mientras es de día, modelar hasta la cena y escribir cuando eso viene o antes de dormir. ¿Y vivir? ¿Vivir?, pues cuando tenga talento o cuando Bastien-Lepage esté enamorado de mí.» (Lunes 28 de enero de 1884)
    La admiración que Marie Bashkirtseff le profesaba al Bastien pintor nunca disminuirá, sin embargo. 
«Esta mañana fui a ver los Bastien al Salón. ¿Cómo decirlo? Es lo bello de lo bello. Hay tres retratos que, a decir de Julian, que cenó esta noche con nosotras, son desesperantes. Sí, desesperantes. Es insensato pintar. Jamás, ¿entienden?, jamás se ha hecho nada parecido. Es la vida misma, es el alma. Y es de una factura que no se puede comparar a nada porque es la naturaleza misma. Es insensato pintar después de eso. Hay un pequeño cuadro intitulado Les blés murs [Trigales maduros]. Un hombre visto de espaldas los está segando. Ese cuadro está bien. Hay dos cuadros de tamaño natural. Les Foins [Henares] y Les ramasseurs de pommes de terre [Los recolectores de patatas]. ¡Qué color, qué dibujo, qué pintura! Es una riqueza de tono que sólo se encuentra en la naturaleza misma. Y esos personajes viven. Los tonos se encadenan con una simplicidad divina y su mirada los pinta con un encantamiento real. Entré en la sala sin saber qué es lo que había allí y me paré en seco percibiendo Les foins, tal como una se detendría ante una ventana abierta de improviso sobre el campo. Dios es grande pero Bastien lo es también. No se le hace justicia. Está a una altura inalcanzable. Nada se le puede comparar. ¡Viejos locos y tristes ignorantes que desfallecen por convención ante las antiguallas ahumadas o ante los imitadores de los maestros!» (Sábado 15 de setiembre de 1883)
Jules Bastien-Lepage, Trigales maduros.

Jules Bastien-Lepage, Les foins (Henares)

Jules Bastien-Lepage, Octubre (Las recolectoras de patatas).

    A comienzos de 1884 los dolores se tornan más violentos, su amigo el doctor Watelet le aconseja viajar a París para consultar al Dr. Pierre Potain (1825-1901, foto), que también habrá de atender a Marie Bashkirtseff. Sin demasiadas esperanzas, los médicos consideran que un cambio de aire y de clima podría serle beneficioso en lo físico y en lo anímico. Jules viaja a Argel en compañía de su madre. Dos meses más tarde regresa casi moribundo.

«Emile Bastien acaba de decirme que su hermano está enfermo, por eso no hizo mucho este año. ¡Como yo, entonces! Dijo que tiene treinta y seis cosas, estuvo ausente y pasado mañana se van para Damvillers, el arquitecto por un mes y Jules hasta enero, en enero se irá a América hasta la apertura del Salón.» (Martes 6 de noviembre de 1883) «Vino Emile Bastien. Regresa de Damvillers en donde el otro se quedará hasta febrero. No dice lo que está haciendo, sólo que está descansado y ausente.» (Domingo 30 de diciembre de 1883) «Emile Bastien cenó aquí. Jules sólo agregó algunas líneas a la carta de su madre; ya no les escribe a sus amigos queridos, tampoco trabaja y sufre horriblemente, en lo físico y en lo moral. ¡Pero entonces tiene algo abominable! Escribe: "Agradece en mi nombre a los Bashkirtseff y cultiva su amistad. He leído los artículos de los diarios sobre mademoiselle Bashkirtseff y su éxito no me sorprende."» (Lunes 2 de junio de 1884) «Me dormí llorando y prenguntándome por qué lloraba. No es porque Bastien está muy enfermo, no es eso… Es tal vez porque estoy humillada por no ser nada para él.» (Domingo 27 de julio de 1884)

    Ya hacía tiempo que Bastien no podía pintar más. Sabemos cómo se plantó Marie de cara al momento inexorable, fue con la valentía que la marcó toda su vida. ¿De qué manera lo habrá hecho Jules? 


    La pintora y escritora Virginie Demont-Breton (1859-1935, foto), hija del por aquel entonces célebre pintor Jules Breton y que había coincidido con una Marie Bashkirtseff de su misma edad en la entrega de premios del Salon de Paris de 1883 —Marie iba por su mención honorable en tanto que Virginie recogía una medalla—, ya en las postrimerías de su carrera escribió un libro de memorias, Les maisons que j'ai connues (Las casas que he conocido), en cuyo capítulo dedicado al atelier de Jules Bastien-Lepage, del tercer tomo publicado en 1929, saca a la luz alguna conversación que habrían sostenido Jules y Marie —a ésta última Virginie la señala como una esperanza de la escuela moderna de aquellas épocas— con respecto a sus respectivas enfermedades, ambas en estado terminal. No dejemos de mencionar que allí Virginie también cataloga a Bashkirtseff como alumna de Bastien-Lepage que era un dato erróneo bastante difundido en la época, tal como ya dijimos. Según la autora, Jules le habría confiado a Louise Breslau: «No sabemos quién de ambos sobrevivirá al otro. En otros tiempos nos comunicábamos nuestros proyectos de cuadros, nuestras esperanzas de progresos y de éxitos. Ahora sólo podemos constatar los progresos de nuestras enfermedades y, en lo que se refiere al porvenir, sólo podemos hablar de la vida eterna.» ¿Cuánto de verdad habrá en esta revelación, que no mencionan ni Marie en su Diario ni Madeleine Zillhardt en su libro sobre Breslau? Si no se trata de uno de esos entusiastas aderezos propios de alguna literatura de aquellos tiempos, aquí tendríamos una pieza faltante en nuestro puzzle. ¿Habrán estado alguna vez solos, una frente al otro, como para abordar este tema tan íntimo que a ambos agobiaba?

    Continuemos, a partir de aquí, de la pluma de Marie Bashkirtseff, que transita sus últimos dos meses de vida.
«Estoy tan enclenque que apenas tuve fuerzas para ponerme un vestido de tela sin corsé para ir a casa de Bastien. La madre nos recibió con reproches [...] Mi coquetería querría que repita aquí todo lo que nos dedicó de amables reproches y de seguridades de que jamás, jamás podríamos ir demasiado a menudo.» (Martes 19 de agosto de 1884)
«El médico dice que teme un tumor. Ya se sabe lo que quiere decir eso. Por lo demás está demasiado débil como para sufrir el tratamiento necesario. Y sin el tratamiento no hay salud [...] Luego, al Bois y al regresar esas señoras quisieron subir a ver a Bastien. Yo me quedé en el coche ¿y qué es lo que vi? La cabeza de Jules en la ventana y sus dos brazos agitándose para que suba. Emile vino a buscarme y fui.» (Domingo 24 de agosto de 1884)
«Ni siquiera soy una mujer para ese monstruo de Bastien. Esta tarde me tomó las manos, me golpeó sobre el hombro como un buen viejo camarada. Y luego dijo: —Esta niña es elegante, tiene chic—. ¡Fuera, salvaje! Pero me quiere más que mamá, mi tía o Dina… Y ni siquiera eso es seguro.» (Miércoles 27 de agosto de 1884)
«Ayer comencé a vestirme para ir al Bois y dos veces estuve a punto de renunciar, sin fuerzas. No obstante lo logré… Madame Bastien-Lepage está en Damvillers desde el lunes para las vendimias y aunque había señoras a su alrededor Jules se puso contento al vernos, madame Weil me dio su plegable y ahí estuve, cara a cara con él, los pies sobre la misma botella de agua caliente y la misma cobertura. Debíamos resultar curiosos [...] ¿Qué más haría si fuese por amor?... En un momento apliqué mi mejilla sobre su mano y él estrechó la mía más fuerte. [...] Se encariñó con nosotras.» (Jueves 9 de octubre de 1884)
«No pude salir. Estoy  absolutamente enferma, aunque no en cama. El médico viene día por medio desde la visita de Potain, que me envía su sub-Potain. ¡Ah, Dios mío, Dios mío!, y mi cuadro… Mi cuadro. Mi cuadro, ¡mi cuadro! Julian vino a verme. Entonces es que están diciendo que estoy enferma. ¡Desgraciadamente!, ¡cómo ocultarlo! ¡Y cómo ir a ver a Bastien!» (Domingo 12 de octubre de 1884)
    Son los últimos días de Marie. Emile estará siempre presente y a través de éste, Jules lo sabrá. Aunque ya no debería abandonar el lecho, el pintor admirado se hará presente día a día para hacerle compañía y ella lo apuntará en su Diario, hasta en su última entrada.
«Tengo fiebres terribles que me extenúan. [...] No puedo salir para nada. Pero ese pobre Bastien sí. Entonces se hace portar hasta aquí, se instala en un sillón, las piernas extendidas sobre almohadones, yo muy cerca, en otro sillón y así hasta las cinco, seis. Estoy vestida con un revoltijo de encajes, de terciopelos, todo blanco pero diferentes tonos de blanco. Los ojos de Bastien se dilatan de placer: 
—¡Oh!, ¡si pudiese pintar!—, dice. ¡Y yo! Adiós al cuadro de este año.» (Jueves 16 de octubre de 1884)
«Bastien viene casi todos los días. Su madre está de regreso y vinieron los tres. Potain vino ayer. No estoy mejor.» (Sábado 18 de octubre de 1884)
«A pesar del tiempo magnífico Bastien viene acá en lugar de ir al Bois. Ya casi no puede caminar, su hermano lo sostiene por las axilas, casi lo alza. Y una vez en el sillón el pobre niño queda extenuado. Miseria de nosotros. ¡Y cuántos porteros saludables! Emile es un hermano admirable, es él quien baja o sube a Jules sobre sus hombros hasta el tercer piso. Pero yo tengo en Dina una devoción similar.» (Lunes 20 de octubre de 1884) 

    Es la última anotación en el Diario de Marie Bashkirtseff, que habrá de morir once días más tarde.

    Jules Bastien-Lepage abandonará esta vida cuarenta días después. Ya en tiempos en que su delgadez esquelética pasmaba a quienes lo visitaban y cuando sus sufrimientos y su debilidad sólo le pedían permanecer postrado, el joven pintor de Damvillers cumplió con su deber de amigo y, en brazos de su hermano Emile, se allegó diariamente a consolar con su presencia a una Marie Bashkirtseff que agonizaba. Algunos lo interpretaron como un idilio. Como sea, es en este último gesto generoso, de hombre noble y de amigo leal, de aquel muchacho de campo criado en el seno de una familia virtuosa que alcanzamos a atisbar la inmensa estatura del Jules Bastien-Lepage ser humano, más allá del pintor que Marie Bashkirtseff y su tiempo tanto admiraron. ⬜



© José H. Mito




Del Índice de personajes citados en el Diario de Marie Bashkirtseff.

 Jules Bastien-Lepage en el Glosario de la versión en español del Diario de Marie Bashkirtseff, de próxima aparición, actualmente en etapa de revisión general. La edición constará de dos volúmenes con un total de poco más de mil seiscientas páginas, de las cuales alrededor de cien estarán ocupadas por este índice de los miles de personajes citados —la mayoría mencionados sólo por el apellido— a los cuales en gran medida hemos podido identificar para este trabajo de traducción. La edición integral en francés del Cercle des Amis de Marie Bashkirtseff publicada entre 1995 y 2005 abarca dieciséis tomos. Esta versión en español es una selección de textos escogidos que representan un cuarenta por ciento del total, con una rigurosa continuidad narrativa, en la que se pretende rescatar a la verdadera Marie Bashkirtseff para el público hispanoparlante. 




Marie Bashkirtseff Dixit: «El amor hace parecer al mundo tal como debería ser si yo fuese Dios.» (Viernes 30 de mayo de 1884)




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